Mientras en esta ciudad nos rompemos la cabeza pensando cómo controlar y disminuir el tema delictivo, que va en ascenso, en las afueras del reclusorio regional de máxima seguridad, varios comercios van creciendo escondidamente; pero a un ritmo vertiginoso.
Al principio se habló de que 500 metros a la redonda de esta penitenciaria, no se podía desarrollar ningún tipo de negocio, para evitar que los mismos se conviertan en lugares de comercialización de los vicios que giran en torno a una cárcel, que resulta, que hoy en día no solamente que están creciendo, sino que se han puesto hasta almacenes para vender la ropa de los presos, ropa que supuestamente iba a subsidiar el gobierno; pero en el momento de la verdad, como dice el dicho “yo te ofrezco, busca quién te dé” ya nadie se hace cargo del tema y los mismos presos tienen que buscar los medios para comprarse el uniforme fosforescente que les exigen como seguridad, algo similar a lo que ocurre con el agua de este reclusorio, el mismo que supuestamente se encontraba en alguna fuente en el medio de este recinto carcelario; pero en el monto de la verdad, nada de esto ocurrió y nos tuvieron que quitar la escasa agua que tenemos los latacungueños, jalando con kilómetros de tubería, el líquido vital desde la planta de Alcoceres, líquido vital que hoy en día hace muchísima falta a los latacungueños, pues son varios los barrios de la ciudad que continuamente sufren de una marcada escasez, sustracción cuestionable, que hoy en día sale hasta este reclusorio y que ni así alcanza para abastecer a la sobrepoblación que tiene este lugar .(O)

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