La vergüenza debemos entenderla como la turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida o por alguna acción deshonrosa y humillante.  Juan Montalvo señalaba que la honestidad, la verdad y el pundonor constituyen los combustibles de la vergüenza, fuego del espíritu, y uno de los elementos más valiosos de la naturaleza humana.

En nuestra formación desde la casa todos tenemos un concepto de lo  que debemos entender por vergüenza, esta apreciación íntima, poética y hasta filosófica muy  complicada -en algún momento- se queda en el aire, sino fuera porque en nuestros hogares nos hablaron  del pundonor, como la estimación de la propia honra, sin esperar reconocimiento alguno de la sociedad que evalúa nuestros actos, por el solo hecho de poner en práctica las buenas enseñanzas del hogar; la honra para  nuestros padres era y es honor y buena reputación, que debe ser la directriz fundamental de los principios éticos que nos deben acompañar en todos los actos de nuestras vidas.

Estamos pasando una cuarentena rígida y dolorosa, obligatoria y sancionadora, fruto de la aparición de un virus mortal que está devastando al mundo, que ha golpeado de manera más dura a los  países pobres y a los necesitados de las patrias indigentes -que son la gran mayoría-, en contraposición a esto que es una realidad, los administradores del Estado han visto la forma de solucionar esta crisis de salud pública, económica, social y ética cargando el peso de la quiebra económica en los hombros de la gente. Se dispone con  la Ley Humanitaria el descuento de parte de los sueldos de profesores y servidores públicos; se pretende subir los aportes al IESS; aumentar los años de afiliación para tener derecho a jubilarse, mientras tanto se paga a los tenedores de deuda externa; y más aún… nos siguen endeudando.

La pandemia ha dejado vergüenza en Ecuador, tenemos que señalarlo con franqueza y sin temor, sí con mucho dolor,  sin disculpa alguna frente a las inmoralidades detectadas en estos días de recogimiento obligatorio. Los casos que a diario han sido denunciados relacionados con sobreprecios en la adquisición de bienes y medicinas para  contrarrestar esta pandemia; la entrega de la administración de Hospitales de la Seguridad Social a cambio de asegurar estabilidad política; la feria de  entrega  de carnés que certifica discapacidades, para su delictiva utilización, y,  el involucramiento de funcionarios públicos de designación y de elección popular en este asqueroso hecho; así como la aparición de legisladores en la administración de presupuestos estatales para la construcción de hospitales como el de Pedernales, la insaciable toma del dinero del IESS y la creciente deuda del Estado a la institución rectora de la seguridad social, la falta de seriedad del Parlamento Nacional al aprobar los Presupuestos Generales del Estado anualmente, sin tomar en cuenta esta monstruosa deuda al IESS, son hechos que avergüenzan a la sociedad ecuatoriana y  ratifica que la década perdida encabezada por el expresidente Correa y la continuidad del periodo -con fraude y todo- del presidente Moreno, han sido la mejor cancha para que verdaderas hordas delictivas destruyan las bases mismas de la institucionalidad del país.

No puedo dejar de anotar la vergüenza internacional a propósito del covid-19,  manifestada por un Vicegobernador del Estado de Texas, por la señora Cristine Legarde, gerente del Banco Central de la  Unión Europea y por el Ministro de Economía y Finanzas de Japón, quienes pusilánimemente han señalado que es hora de que los viejos dejen este mundo terrenal y coadyuven a reordenar las finanzas de los Estados, hecho que no solamente avergüenza al mundo, sino que esta afirmación de estos malos seres humanos nos lleva a pensar en serio sobre el verdadero origen del covid-19 convertido en pandemia.

Los ecuatoriano seguimos en pie de lucha, tenemos capacidad de racionalidad, pues somos seres humanos, los que nos avergüenzan no son mayoría, tenemos fe que podemos salir adelante… lo cierto es que en nuestro Ecuador, hasta la vergüenza está en crisis, pero no solo en nuestra patria quienes dirigen el destino del mundo tienen que rendir cuentas…vergüenza ajena.(O)