Después de asistir con cientos de ciudadanos a la marcha por la paz me he dado cuenta que existe un resentimiento y mal comentario extremadamente ofensivo de quienes utilizan calificativos como: miserables, que según la RAE es una persona que vive en extrema pobreza o vagos pero que ganan bien y definitivamente algunas otras groserías que no vale la pena ni mencionarlas. Yo me pregunto ¿Acaso no queremos paz? ¿Acaso no queremos trabajar? ¿Acaso no estamos cansados que después del encierro de una pandemia nos toque encerrarnos por un paro nacional extremadamente violento?

A mi me gustaría aclarar que fue una marcha sin politizaciones o al menos mi intención fue manchar por sentirme a salvo, además que en la misma marcha nos encontramos con manifestantes quienes apoyan el paro nacional mismos que no nos dejaron avanzar pacíficamente por la Avenida Amazonas y me vuelvo a preguntar ¿Mis derechos terminan donde comienza el de los demás? ¿Acaso la constitución no me ampara con la libre movilidad o el derecho a trabajar?

El día jueves 23 de junio salía de la oficina junto con mi mamá alrededor del medio día, mientras me subía al vehículo los transeúntes comenzaron a dar aviso de que se acercaban manifestantes “pacíficos” quienes en cuestión de segundos nos embistieron con palos y piedras hasta poncharnos la llanta; gracias a nuestra rápida actuación nos pusimos pronto a buen recaudo sin antes haber sentido cómo mi corazón se salía del pecho por el miedo que sentí y me pensé: somos dos ciudadanas con ganas de trabajar, ¿Que pasábamos si no actuábamos rápido o explotaba la llanta ¿Nos agredían a nosotras? ¿Destruían nuestro vehículo?

Con esto no quiero decir que nuestro país no tenga serias dificultades económicas, sociales y que la gente no puede manifestar sus derechos, por supuesto que la tienen pero bajo imposiciones, amenazas, chantajes y violencia absolutamente nada de soluciona; como ciudadana me siento agredida, violentada y reprimida de derechos. ¿Acaso no estamos en un estado de derecho?

¡Basta ya!, seamos lógicos, analicemos las situaciones, no repitamos lo que escuchamos, dejemos de emitir comentarios negativos, entendamos cuál es el verdadero  fin de estas paralizaciones, porque definitivamente a una ciudad y un país no se lo saca adelante socapando violencia disfraza de “manifestación”, se lo saca adelante trabajando porque es la norma básica de una economía circular.

Latacunga es conocida como una ciudad comercial en donde semanas sin ventas afecta directamente a los pequeños comerciantes, emprendedores, empresarios, pequeñas y grandes industrias que a fin de mes tienen que afrontar pagar el rol a sus colaboradores, arriendos de sus locales. ¿Acaso no se dan cuenta que paralizar el país significa despedir a más gente de sus empleos? La ciudadanía tiene miedo a salir a trabajar, tiene miedo a que saqueen sus negocios, tiendas de barrio, puestos de fruta, tiene miedo a recibir agresiones físicas con palos y piedras y no hay que olvidar a todos aquellos que viven del día ¿Acaso con ellos no hay empatía?