En medio de estos momentos de incertidumbre y estrés, para cambiar el ánimo quizá conviene dar paso al recuerdo y el humor… Cierto día, deambulando en las redes sociales, hallé un post que hacía referencia a las cosas que creíamos cuando éramos niños. Encontrar aquella larga lista de ocurrencias llenas de inocencia y ternura, me hizo reflexionar sobre la infancia, cuando no existía preocupación ni el tan temido estrés; cuando nos dejábamos llevar por la imaginación, mientras que la ingenuidad y el desconocimiento hacían que viéramos más allá de la realidad.

Cuando era niña, por ejemplo, creía que las nubes eran de algodón y en medio de aquel blanco horizonte se hallaba un Dios de larga barba que nos observaba detenidamente ¡ay de aquel que se portaba mal! También pensaba que si me tragaba una semilla, nacería un árbol en mi estómago y que el lavado de dinero era con agua y con jabón…

Para continuar con el listado de anécdotas, recogí las más entretenidas. Quizás se sientan identificados:

  • “Cuando era niño, pensaba que había un señor que vivía dentro de los cajeros automáticos. Él era quien contaba y daba el dinero.  Siempre me pregunté, cómo lo hacía tan rápido”
  • “Yo pensaba que todo lo que tuviera que ver con el pasado, sucedía en blanco y negro. Tal como en las películas y las fotografías antiguas”
  • “De pequeña, pensaba que los bebés venían al mundo gracias a las cigüeñas. Pasaba días sentada junto a la ventana a la espera de que una cigüeña apareciera, nunca pasó”
  • “Cuando sucedía un terremoto, pensaba que un gigante saltaba y por eso se movía todo”
  • “Creía que la leche cortada se cortaba con tijeras”
  • “Cuando era niña, siempre que había relámpagos, salía al patio y posaba mirando al cielo porque creía que Dios me estaba tomando fotos”
  • “Yo juraba que los rompevelocidades eran policías enterrados en las calles”
  • “Pensaba que los truenos sucedían porque Dios movía los muebles de su sala”
  • “Creía que los actores y dibujos animados, vivían dentro de la televisión”
  • “Mi apellido es Bolaños, por lo que me creía pariente directo del Chavo del ocho”
  • “Siempre pensé que había una larga fila de artistas en la radio, esperando su turno para cantar”.

Estas y muchas otras divertidas y tiernas anécdotas nos sucedieron cuando niños. Los cuentos nos hicieron creer en Papá Noel, el ratón de los dientes y los príncipes azules. Las advertencias de los adultos, para que comiéramos todo y nos portáramos bien, nos hizo temer al Cuco y la María Angula.

Lo cierto es que cuando niños no existe maldad ni prejuicio, solo hay inocencia y curiosidad… Sin embargo, con el paso del tiempo, todo cambia, nuestro cuerpo y mente se adaptan al entorno. A medida que crecemos, vamos viendo al mundo con cierta hostilidad y nos sumergimos en una furiosa competencia de quién tiene y, es más.

Pero la vida se encarga de darnos lecciones, después del aislamiento, el dolor y la incertidumbre ahora se valoran y disfrutan las cosas más elementales como tener salud, techo, un plato de comida y la familia unida. Durante la cuarentena incluso hemos recurrido a la imaginación y el ingenio para ocupar nuestra mente con lo que teníamos al alcance. Un escenario que sin duda ha cambiado nuestra apreciación de la vida, algo muy parecido cuando éramos niños…(O)