Ni siquiera los fenómenos naturales, como la erupción del Cotopaxi, han puesto tan en jaque a la provincia como el tema carcelario; pues esta es una hazaña que se debe agradecer, primeramente al famoso y bien recordado mashi Rafael Correa; segundo, al exalcalde Rodrigo Espín quien se dice, dio la fabulosa idea de hacer este reclusorio en terrenos militares y que a pesar de no tener permiso de construcción, nunca la cánselo, ni la clausuró; tercero, al entonces gobernador de la provincia Fernando Suárez quien manejó todo con mucha cautela escondiendo la información, de este reclusorio para que no hayan levantamientos, ni protestas. Un gran equipo de trabajo con la conciencia retorcida, por haber entregado un legado “tan maravilloso” a una ciudad que era considerada como una de las más tranquilas del país, y en la que hoy no pueden dormir sus habitantes, gracias a estos recordados protagonistas, cuyos nombres se han inscrito en la historia provincial.  

La gestión de estas personas, da cuenta de la tremenda falta de amor a esta tierra; mientras aquí se daba la idea de hacer la cárcel regional, en otras provincias se hacían universidades como el Yachai, que, por su puesto, además fue otra farsa.  Parece mentira, pero estos señores fueron autores, cómplices y encubridores de un tema que iba a terminar por completo con la paz y la armonía de toda una provincia, ahí también estuvo involucrada la ex prefecta Blanca Guamangate, que nunca se pronunció, ni protestó por el  hecho, siendo una de las principales autoridades; pero claro está, vendida al régimen de aquel entonces; además estuvieron involucrados muchos personajes más, de la famosa revolución ciudadana, que dejaron toda la estabilidad del país que conocíamos, patas arriba, no hubo lugar donde no metieran la mano y lo destruyeran, claro está que en provincias como la nuestra, su paso fue sencillamente devastador.

No sería descabellado que en recordatorio al apoyo incondicional a esta gran obra, los pabellones del reclusorio, lleven el nombre de cada uno de los personajes que hicieron posible su presencia en Cotopaxi.  (O)