Debo admitir que por falta de interés y también de afinidad, soy una persona que tiene conocimiento nulo sobre temas de agricultura. Con una distancia prudente, por años he visto a mi madre -con mucha dedicación- sembrar y cuidar miles de plantas que incluían desde coloridas flores hasta plantas medicinales que usaba para las infusiones cuando enfermábamos.
Con el tiempo dicha apatía por sembrar plantas ha ido desapareciendo para convertirse en una necesidad. Todo esto en el intento de consumir alimentos sin químicos, tener un espacio verde en casa y crear un pasatiempo. Más allá de las plantas ornamentales, me pareció fascinante tener a la mano ingredientes frescos para la cocina como perejil, menta y ají. Si bien es cierto es una iniciativa personal, hace varias semanas comprendí que algo así es posible aplicarlo de manera masiva con consecuencias positivas. Casualmente asistí a una conferencia donde una de las exposiciones en línea era relacionada a los huertos urbanos. La expositora era de Todmorden, una pequeña localidad inglesa con apenas 15 000 habitantes que a lo largo de los últimos años se ha hecho mundialmente famosa por un innovador proyecto de agricultura urbana local. El interesante proyecto consiste en establecer espacios públicos donde se pueden cultivar plantas para el consumo humano mientras que un grupo de personas voluntarias son las encargadas del cuidado y mantenimiento por dos mañanas al mes. Lo interesante de esta iniciativa es que más allá de consumir los distintos productos se ha generado conciencia sobre el cuidado del medio ambiente, además de crear un fuerte vínculo entre los ciudadanos.
Al inicio muchas dudas surgieron en cuanto al cuidado y protección de las plantas; sin embargo, a medida que se desarrollaba el proyecto esos miedos se disiparon y crearon un espíritu solidario en los voluntarios, cuya motivación era el placer de cultivar para extraños, con la incertidumbre de saber quién las cogerá y se las comerá; cualquier persona, residente o turista, cuando llega la hora de la cosecha puede servirse las verduras, hortalizas, plantas medicinales y frutales.
Parterres, parques, teatros, comisarías de policía y hasta cementerios han sido las zonas principales de cultivo y como consecuencia se han estrechado los lazos comunitarios y se ha fortalecido la economía local. Es así que Todmorden -en la actualidad- es una potencia turística, miles de personas de Inglaterra y otras partes del mundo visitan este poblado para conocer esta novedosa iniciativa de agricultura.
Regresando a nuestra ciudad, la situación alimentaria, las relaciones interpersonales y la conciencia ambiental son aspectos que han pasado desapercibidos. Quisiera pensar que una iniciativa como la de Todmorden podría ser posible en Latacunga. Ideas ingeniosas como ésta han transformado ciudades y cambiado estereotipos. Hoy más que nunca tenemos que apropiarnos de los espacios públicos y transformarlos de una forma positiva. Estar pendientes de que las autoridades tomen acciones puede convertirse en una desesperante e indefinida espera. Hasta mientras podemos empezar con nuestros hogares y compartir dichas acciones con quienes nos rodean.(O)

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