Aun cuando no me gustan estos temas, a veces nos vemos obligados a dar nuestro humilde criterio.
Con ocasión de la solemne ceremonia por los 201 años de independencia de Guayaquil, doña Cynthia Viteri, la alcaldesa de la ‘Perla del Pacífico’, en tono elocuente se refirió a la palpitante realidad que vive el Ecuador y de manera especial Guayaquil, en torno a los niveles de violencia e inseguridad, que cobran vidas inocentes todos los días y no hay manera de frenarlas. Estuvo presente el presidente Guillermo Lasso y aprovechó su presencia para hacerle la entrega de un proyecto de ley ‘Por la vida y protección ciudadana’.
Al respecto, distinguidas personalidades que conocen del tema han empezado a opinar, la mayor parte de ellas en contra de este proyecto y claro sus declaraciones tienen sustento técnico, psicológico, sociológico y estudios realizados por organismos pertinentes. Así:
En los EE.UU. más de 300 millones de armas están en poder y son usadas por civiles y todos conocemos la cantidad de sucesos que ocurren por este motivo en escuelas, colegios, universidades y otros sitios de concentración de personas, muchos de ellos no son precisamente por robos y asaltos, sino por desajustes emocionales de la gente y como se tiene las armas a disposición, entonces se facilita su uso inadecuado.
La ONU -a través del alto comisionado de los DD.HH.- concluye en un informe que “el acceso al uso de armas legal o ilegalmente aumentan los niveles de violencia e inseguridad”
Igual el BID manifiesta que el crimen y la inseguridad no se combaten con más violencia; al contrario, las raíces de la inseguridad, como son pobreza, falta de educación, ausencia de oportunidades laborales, súmese hoy día el micro y macro tráfico de drogas, todo esto se combate con programas sociales y no con más violencia.
El porte de armas por la población, tiene un sinnúmero de aristas, como el saber manejar, el mantenimiento, los permisos; es decir, a quién se le permitiría, el control emocional en el día a día en los hogares, donde muchas veces se dan accidentes familiares. Finalmente los primeros en armarse serían los delincuentes.
Cualesquier intento por parar la violencia e inseguridad debe ser profundamente analizado, pero con el porte de armas por parte de la población, puede resultar EL REMEDIO PEOR QUE LA ENFERMEDAD.