Cuando se prende fuego a las llantas, cauchos, plásticos, pavimento, durante las acciones de protesta, se genera la emanación de una mezcla visible de gases altamente contaminantes que contienen sustancias tóxicas como: dióxido de carbono, azufre, compuestos clorados,  dioxinas, benzopireno, dibenzopireno y otros elementos químicos, los  que se desplazan en el aire como partículas en suspensión, las cuales se van depositando en las calles, carreteras, caminos, en las casas y se movilizan continuamente por efecto del viento y la circulación de los vehículos; este humo altamente tóxico o los gases, afectan la salud física de los manifestantes, así como de las demás personas que no forman parte de las protestas.

Las vías respiratorias son las primeras afectadas mediante la inhalación, generando la aparición inmediata o progresiva de afecciones bronco-respiratorias, ahogos, asma y hasta cáncer pulmonar; también generan enfermedades a la piel mediante el depósito de partículas, irritación a los ojos y con el pasar del tiempo se pueden producir también insuficiencias cardiacas.


Otro de los efectos es la alteración del equilibrio atmosférico, ya que los elementos tóxicos que se desplazan con los gases provenientes de la quema de llantas -al reaccionar con el oxígeno del aire- generan una mayor absorción de  energía calorífica, la cual eleva la temperatura, dando lugar al llamado efecto invernadero que viene produciendo el cambio climático a nivel mundial, que resulta perjudicial a la sostenibilidad del planeta.  

Al ingresar al organismo, estos gases se acumulan básicamente en el tejido graso; su efecto no es inmediato, sino por acumulación, que desencadenará un cáncer en cualquier parte de su cuerpo. Si a un depósito de agua le cayeron las cenizas producto de la quema de neumáticos, lamentablemente tendrán que eliminarse, pues esa agua ya está contaminada. La quema de caucho genera también dioxinas, que son probados agentes cancerígenos que además producen infertilidad, problemas de aprendizaje, endometriosis, trastornos de la reproducción sexual, defectos de nacimiento, daños en el sistema inmunológico y el cáncer. Lo más grave de estos episodios es que nuestras ciudades como Latacunga no disponen de suficiente vegetación protectora que produzcan oxigeno que necesitamos todos los seres vivos, de manera especial los humanos, pero el poco oxigeno disponible se consume en la combustión de miles de automotores, industrias, cocinas y a esto se suma la quema de neumáticos en las manifestaciones, por lo tanto estamos limitados de tener el gas de la vida para mantener nuestros pulmones en las mejores condiciones para enfrentar la pandemia.

Vivimos en democracia y se respeta el derecho a protestar cuando las personas consideren vulnerados sus derechos; sin embargo, considero que existen muchas otras formas para que las personas puedan reclamar sus derechos ciudadanos de manera ordenada y civilizada, pero respetando los derechos de las demás personas que necesitan disponer de un ambiente saludable, respirar aire puro, cuidar su salud y tener paz.(O)