Llegó un punto en la historia donde los papeles se invirtieron; donde la afición por los animales superó la lógica y el amor por ellos ganó el sentido de humanidad. No me mal interpreten, me gustan y respeto los animales; pero no puedo dejar de reconocer que en ocasiones a ciertas personas se les está yendo la mano y por sobre todo han olvidado la responsabilidad que conlleva tener una mascota.
Seguramente le ha sucedido que cuando camina por las calles de la ciudad, con la vista al frente,  pensando, concentrado en las cosas de la vida… Sucede algo de repente que lo devuelve a la realidad; su pie accidentalmente toca algo repugnante y fétido, algo que nunca debió haber estado allí.  A mí me ha pasado y la única lección que aprendí es la de caminar mirando siempre al piso y levantar la vista solo cuando se trate de cruzar la calle. Lamentablemente caminar por nuestra ciudad se ha convertido en un laberinto de desagradables obstáculos. Esta situación se debe a los perros callejeros existentes, y empeora por aquellos dueños que intencionadamente sacan a sus mascotas para que hagan sus necesidades en la calle; con la confianza y el descaro que alguien más limpiará.
En esta semana, mientras caminaba por el Pasaje Santa Teresita, recientemente inaugurado, para mi mala suerte coincidí con una mascota que hacía sus necesidades junto a uno de los flamantes postes. Asumí que era un perro de casa, por el peinado  del animal y el collar que portaba; entonces tomé el celular con la finalidad de hacer una fotografía y subirla a las redes sociales para el respectivo llamado de atención. No tuve tiempo para ello, de repente apareció el dueño gritando al animal. Aproveché entonces la oportunidad para llamarle la atención a él y pedirle que ayudara en la limpieza de la ciudad haciéndose cargo de lo que hacía su mascota. Afortunadamente lo asumió de buena manera, a diferencia de las otras experiencias que tuve, tomó un papel, recogió las necesidades de su perro y se fue.
No estoy en contra de aquellas personas que sacan a pasear a sus mascotas, pero sí de aquella actitud desconsiderada e insolente. ¿Es acaso necesario esperar los llamados de atención o las multas para tomar acciones puntuales?
Nuestras calles se están llenando de excrementos por aquellos amantes de los animales que esperan que alguien más haga su trabajo. Ojalá algún momento las ordenanzas de nuestra ciudad, además de exigir el respeto de los derechos de los animales, también exijan la responsabilidad de los dueños de mascotas en el recoger los desechos que les corresponden.
Hasta mientras hago un llamado a la conciencia a aquellos amantes de los animales para que también se preocupen por la limpieza de la ciudad y consideren a los otros ciudadanos que transitamos por las calles. Si anhelamos un sitio distinto, debemos tomar cartas en el asunto urgentemente.(o)

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