Es importante como precedente subrayar que durante el gobierno de Trump se anunció la retirada de las tropas de Afganistán e Irak, todo esto pocos días antes de dejar la presidencia. 
En Afganistán por décadas sus pueblos originarios fueron sometidos, no podemos obviar la ocupación inglesa y soviética que están en sus antecedentes históricos, la soviética se dio a fines de los años 70 del siglo XX y los talibanes frente a esta última representaban la dignidad de las etnias locales árabes para expulsar a las fuerzas soviéticas de ocupación y con la disolución de la URSS superar la fragmentación  del territorio en poderes locales, tomando la capital Kabul en septiembre de 1996. La ocupación soviética revitalizó el nacionalismo afgano contra toda ocupación extranjera y radicalizó a los afganos más religiosos que se convirtieron en los Talibán, paradójicamente entrenados y financiados por EE.UU. mientras luchaban contra Moscú, pero EE.UU. volvió a hacer lo mismo con los soviéticos en el 2001 con la misma peregrina justificación: Osama Bin Laden había usado ese territorio para planear el ataque del 11 de septiembre, razón por la cual EEUU invadió Afganistán para sancionar al gobierno talibán por la acogida y el apoyo brindado al grupo terrorista y fundamentalista islámico Al Qaeda.

Resulta pertinente circunscribirse al capítulo Osama Bin Laden, el cual no siempre fue un adversario de EE.UU., pues en los años 1980 -formado por la CIA- participó en la primera guerra de Afganistán contra la Unión Soviética y los estadounidenses lo consideraban entonces como un héroe ‘combatiente de la libertad’, el joven y rico empresario Saudí Osama Bin Laden fue un aliado clave, si Osama Bin Laden no hubiera existido, EE.UU. lo hubiera creado, era un aliado como pocos y representó una ayuda inestimable para varias administraciones gringas. Por otra parte -a nivel universal- el regreso del fanatismo político-religioso de los talibanes en Afganistán comienza por la corrupción del gobierno protegido por los EE.UU., la salida de los gringos de Afganistán abrió un camino para que los talibanes tomaran el poder, enfrentaran y derrotaran a las fuerzas afganas.

Me parece un acierto la decisión por parte del presidente Biden de retirar sus tropas de Afganistán, ya que ese país ha sido un dolor de cabeza para él, hay que hacer una remembranza de que durante estos 20 años de ocupación gringa han muerto: 2500 soldados gringos, 1100 combatientes de la coalición, 70 000 militares afganos y alrededor de 50 000 civiles, siendo que el gasto desembolsado bordea más de dos billones de dólares, principalmente en asistencia militar y armamento; los resultados están a la vista: ¿se justificó la intervención militar y sus secuelas?  Biden tiene derecho a defender su decisión y a expresar su posición, pero dijo que el problema recaía sobre los líderes del país, es primordial recordar que el presidente Bush desoyó, inclusive, despreció los pedidos del Secretario General de la ONU en ese entonces -Kofi Annan- para evitar una invasión militar, hubiera sido mejor que la lucha contra el terrorismo esté delineada para que los líderes de Al Qaeda hubiesen sido juzgados y sentenciados por el Tribunal Penal Internacional.

Afganistán se suma a la larga lista de infortunios de EE.UU. a nivel internacional: Vietnam, Irak, Libia, Siria, el objetivo en Afganistán nunca fue construir una nación democrática sino evitar un ataque terrorista a los EE.UU.; hay que mencionar que durante los años de la guerra el gobierno afgano tenía más dominio de las ciudades y que los talibanes tenían  más dominio de los suburbios y zonas rurales, ellos no toman  el poder en cuestión de días, fue un proceso lento en el que van avanzando despacio, nunca desaparecieron y lograron adoctrinar a la gente mediante la educación de servicio al país y contra la invasión extranjera, en tanto en cuanto con el regreso oficial de los talibanes a Afganistán miles de afganos están aterrorizados e intentan desde hace una semana huir del país.

Me pareció en primera instancia un despropósito por parte del gobierno de Lasso alinearse a través de una política lacaya a los EE.UU., ya que su régimen ofreció  recibir a unos 5000 ciudadanos de Afganistán; muchos dirán cuánta indolencia por parte de quien escribe, pero lo que muchos no se ponen a reflexionar es que más allá de tener una posición humanitaria nuestro país el día de mañana podía ser blanco de un ataque terrorista, además ¿qué tipo de afganos iban a venir? Por consiguiente y por suerte el martes 31 de agosto de este año el canciller Mauricio Montalvo manifestó que por el momento no habría la llegada de este contingente.