La “vacuna” es esperada con angustia por todos los países del mundo para detener el avance mortal del coronavirus. Pero esta campaña de inmunización lleva a meditar sobre la desesperada necesidad de vacunar la población votante contra el terrible mal del “populismo” que destruye economías, conduce a los pueblos a la miseria, trunca los sueños de jóvenes, crea inseguridad, fomenta la informalidad, protege la clandestinidad, todo para sobreponer los apetitos voraces de poder y de dinero de una camada de políticos que convierten al servicio público en su “modus vivendi”.

El populismo tiene muchas facetas, desde aquel surgido de las entrañas de la pobreza, la oscuridad, los intereses políticos regionales o globales, la burguesía aferrada al poder, hasta simples mortales que ven en esta forma de hacer política una manera fácil de alcanzar sus metas personales, con solo asumir el papel de candidato. Este terrible mal ronda por Europa, Norte, Centro y Sur América, adaptándose fácilmente a cualquier entorno. Las estrategias son variadas.

La más “exitosa” estrategia populista para acceder al poder por las urnas es aquella bajo el nombre de Foro de Sao Paulo, inspirada por el propio Fidel Castro a manera de último aliento de perversidad, cual legado para los terrenales compañeritos, antes de emprender su último viaje en busca de nuevas aventuras revolucionarias. Así lo entendieron los populistas conformados en el “Grupo de Puebla”, quienes se esfuerzan por afinar y corregir los procesos iniciados en los países de nuestra región.

La libertad de pensamiento no limita este tipo de organizaciones ni su forma de pensar la política, por lo que no sería motivo de incomodidad ni protesta por quienes no compartan esa forma de pensar. Lo que está fuera de lugar y es atentatorio contra la incipiente democracia ecuatoriana, es la forma de alcanzar el voto y las consecuencias de instalarse en el poder con fines protervos que solo benefician a una clase política que tiene un “proyecto político”, cuyo ulterior objetivo es permanecer en el poder indefinidamente. Basta mirarnos en el espejo de Venezuela. ¿Hasta dónde llegará el apetito de poder?

En conclusión, el daño se ocasiona al momento de buscar el voto ofreciendo demagógicamente todo lo imaginable, sabiendo que NO será posible cumplir o que cumpliendo, tendrá efectos devastadores. Este es el caso de subsidios indiscriminados que, de cumplirse, causarían severos daños estructurales a la economía. Mientras que el otro daño causado sobreviene al acceder al poder, consecuencia de la carencia de soluciones “sostenibles y sustentables” en el mediano y largo plazo, pues darán preferencia a las obritas clientelares que ganan votos para sostenerse en el poder. Prueba de eso es el gasto público desenfrenado financiado con todos los fondos disponibles, nuevos  impuestos y préstamos, que terminarán pagando los propios beneficiarios.   

En nuestro país estamos a punto de elegir entre “populismo y anti populismo”. La tentación puede ser alta, escuchando las ofertas que vienen de la mayoría de candidatos en su afán de superar lo ofertado por sus contrincantes. Mientras que las propuestas sólidas, bien sustentadas para fijar un rumbo cierto para nuestro país, son escasas y pueden sonar menos atractivas en comparación a tantas maravillas que nos ofrecen los demagogos populistas.

Ante una situación económica tan apremiante, que exige acciones firmes en la dirección correcta, aplicando estrategias que han demostrado ser exitosas en otros países y desechando lo que ha demostrado ser desastroso en países vecinos, no podemos cometer errores que nos lleven al despeñadero. Tenemos la mejor oportunidad de hacer algo que nos enorgullezca, por nuestro país. Debemos votar con responsabilidad y detengamos el peor mal.

¡Dejémonos vacunar contra el populismo! (O)