A escasos 16 días de la hora CERO para los candidatos que buscan reelección, los repetidores y los novatos que aspiran a ser escogidos por el pueblo para “inmolarse” por el afán de servicio, es justo y necesario hacer una depuración del tablero electoral, con el ánimo de ejercer el voto responsablemente con nuestra Patria chica. Esta consideración adquiere mayor trascendencia al observar el “abuso de confianza” de una cantidad sorprendente de candidatos, que ni siquiera evidencian haberse preparado con tiempo para presentarse como candidato calificado para pretender el puestito.
Sin pretender simplificar el tema, se aprecia la presencia de un buen número de auténticos desconocidos en la arena política, que hasta último momento andaban en la desesperada búsqueda de un movimiento que les auspicie. Cabe preguntarse, ¿cuál será la verdadera motivación que les lleva a postularse? Las posibles respuestas son muchas, pero todas pasan por la banalidad, el afán de sobresalir a costa del dinero público o posicionarse como personas conocidas para obtener beneficios personales. En todos estos casos, la intención es mezquina y daña el juego de la democracia, pues restan votos a otro candidato, pudiendo alterar los resultados electorales y dar como ganador un candidato que no tenga legitimidad por lograr un voto mayoritario pero sin contundencia.
En otro grupo estarían aquellos que le hacen el juego a su partido o movimiento político, que hasta “por honor” debe presentar candidatos, a sabiendas que no tiene posibilidades de triunfar. Esto es conveniente para el grupo político, pero negativo para su candidato, cuya figura “utilizan” para salvar su reputación al conseguir un minoritario número de votos que pueden incidir en los resultados de la contienda, haciéndole el juego a otro candidato, a sabiendas o sin pensarlo. También obstruyen la espontánea manifestación del electorado.
Un tercer grupo puede incluir a quienes, por diversos motivos, especialmente la ambición por entrar en el juego o permanecer en el, conociendo su débil aceptación popular, prevalidos del poder que ostentan en el caso de relección, o de su capacidad económica, se meten “de cabeza” para conseguir aunque sea un votito más que el segundo y así reinar por otros cuatro años. Es inaudita la capacidad de ocultar las múltiples faltas que son de conocimiento público, para aparecer con cara de “yo no fui” y pintarnos un mundo irreal con la promesa de continuar la inexistente obra, fruto de su incapacidad, que solo ha beneficiado al círculo de adulones y compinches del negocio en que convirtieron a la función pública.
Ante esta cruda realidad, los ciudadanos debemos armar una estrategia para enfrentar el grosero número de aspirantes a los cargos públicos que debemos adjudicar. La propuesta es DEPURAR LAS LISTAS DE CANDIDATOS, eliminando aquellos que compiten sin posibilidades de triunfar, cualquiera que sea su razón, reduciendo las opciones a pocas, talvez TRES candidatos, que funcione a manera de una elección PRIMARIA. De esta manera, las posibilidades de que el ganador tenga apoyo contundente de los votantes, es alta y así gobernaría por decisión de un número significativo de candidatos. Este ejercicio no sería necesario en caso de que existieran primarias para elecciones seccionales, pues es esa su razón de ser. Pero se eliminaron maliciosamente para favorecer a los amigos del régimen fenecido.
Por esta y muchas razones que ahora enfrentamos, los ciudadanos debemos organizarnos para enfrentar la embestida de tantos desconocidos que quieren pescar a río revuelto, pues podrían elegirse personas descalificadas con apenas una cuarta parte de los votos válidos. Resultado cuestionable por ser “legal pero no legítimo”. En estas elecciones debe aflorar el PODER CIUDADANO desde la víspera. ¡VOTE PENSANDO!(O)