La semana pasada la agencia climática europea señaló que 2021 fue el quinto año más caluroso registrado y que los últimos siete años fueron los más calurosos jamás documentados por tal evento, casi una cuarta parte de la población mundial experimentó un año de calor récord, ya que la crisis climática continúa desencadenando temperaturas en aumento en todo el mundo, según nuevos datos científicos.

La ciencia no deja lugar a dudas: el cambio climático es la amenaza existencial de nuestro tiempo, ocho de los 10 años más calurosos ocurrieron en la última década, por lo que es urgente tomar medidas audaces para salvaguardar el futuro de la humanidad.

Hubo temperaturas extremas en el norte de África, el sur de Asia y partes de América del Sur el año pasado; el hielo marino del Ártico continuó su declive y los océanos registraron otro año récord para el contenido de calor. Los océanos están almacenando una gran cantidad de calor y si no fuera por la gran capacidad de almacenamiento de calor de los océanos, la atmósfera se habría calentado mucho más rápido.

La NASA explicó que los cambios producidos en el Ártico, se está calentando a un ritmo tres veces mayor que el promedio mundial, son extremadamente dramáticos y afectarán al resto del mundo a través de, entre otros sucesos, el aumento del nivel del mar debido al derretimiento de los glaciares. 

Los científicos categóricamente expresan que el calentamiento global a largo plazo causado por la actividad humana, como la quema de combustibles fósiles, la deforestación, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, se encuentra ahora en niveles no vistos en la Tierra en los últimos 4 millones de años. El año pasado también se produjo una cascada de desastres que se agravaron por el exceso de calor del mundo. Las inundaciones devastaron partes de Alemania y China, mientras que el noroeste del Pacífico de América del Norte experimentó una ola de calor mortal y sin precedentes que, según los expertos, habría sido prácticamente imposible sin el cambio climático.

El cam­bio del clima in­du­ci­do por el hom­bre, que afec­ta la tem­pe­ra­tu­ra, las preci­pi­ta­cio­nes y la na­tu­ra­le­za de los even­tos ex­tre­mos, lle­va cada vez más a la pér­di­da de la bio­di­ver­si­dad y a la dis­mi­nu­ción de las con­tri­bu­cio­nes de la natu­ra­le­za a las per­so­nas, em­peo­ran­do el im­pac­to de la de­gra­da­ción del hábitat, la con­ta­mi­na­ción, las es­pe­cies in­va­so­ras y la so­bre­ex­plo­ta­ción de los re­cursos na­tu­ra­les.

En nuestro país ya estamos viendo los impactos en eventos climáticos locales y extremos como olas de calor y precipitaciones intensas, que han causado inundaciones, deslaves, deslizamientos, destrucción de vías, viviendas, nuevas plagas en la agricultura. Hemos llegado a una situación en la que probablemente no tengamos un punto de retorno. (O)