El fatídico capítulo que giró en torno a  la muerte de María Belén Bernal, en manos de su esposo Germán Cáceres al interior de un recinto policial, deja graves secuelas en la Policía Nacional, en donde se han evidenciado graves falencias, por lo que la institucionalidad ha sido seriamente golpeada. Se anuncian cambios drásticos en esta entidad, todo esto en medio de una crisis política; pero sobre todo, en medio de una crisis delincuencial sin precedentes. 

Si alguien era referente en la Policía, por su antigüedad, por su preparación y, sobre todo por su carácter de lucha y presencia en los actos más delicados que se han registrado en nuestro país en los últimos tiempos, ese era el General Carrillo, un hombre de acción, que complicó la vida a los narcotraficantes y la delincuencia en general. 

Hoy muchos grupos delictivos, deben andar saltando en chulla pata, al ver que uno de sus grandes enemigos, fue alejado de la institución del orden y control. 

Sin duda que un escándalo tan grave, no puede quedar en el aire, pero hay que medir de manera coherente, hasta dónde llegan las responsabilidades y, sobre todo, hay que tomar en cuenta que, en cualquier entorno, uno puede estar expuesto a encontrar algún psicópata salvaje, fruto del machismo en el que vive nuestra sociedad. 

Ante esta realidad, pensamos que no se trata, solo de volar la cabeza de actores que, han aportado de manera clara y muy amplia a dicha institución, el tema es más complejo y requiere de un análisis extenso, de un nuevo proyecto de admisión en donde se estudien con seriedad los perfiles de quienes quieren pertenecer a la Policía, a las fuerzas del orden y en cuyas manos está la seguridad de la Patria; sin duda que muchos filtros están fallando y se han saltado muchos procesos.  (O)