Durante más de cuatro décadas, casi cinco en realidad, este país ha vivido del espejismo del petróleo, un espejismo que al parecer poco a poco se va terminando, cada vez es más notorio la ausencia de los recursos producto de su venta, sectores que como el burocrático, se ven afectados, porque es imposible sostenerlos.
Si bien es cierto el mayor beneficiado del famoso oro negro fue Quito, pues claramente es donde se encuentra la mayor cantidad de burócratas del país, la que fácilmente supera el 60% o más del total de este sector.
Es por eso que la capital creció de una manera sorprendente, pero al mismo ritmo que ha ido creciendo, también ha crecido el costo de la vida, hoy en día por ejemplo los colegios y cualquier establecimiento educativo, por más malo que sea, cuesta un ojo de la cara, exactamente el doble de lo que cuesta en el Puerto Principal, vale la pena aclarar que el Puerto Principal no vive del petróleo, esta ciudad se ha desarrollado por las exportaciones y el esfuerzo de los agricultores y por el movimiento marítimo que tiene, entre otras cosas, como también la pesca.
Hoy que en la capital ya no hay quién alimente el insaciable apetito burocrático, muchas familias se han puesto en apuros, simplemente ya no tienen empleo, ni de dónde pagar las altísimas pensiones de los colegios, ni los altísimos arriendos a los que estaban acostumbrados; mucha gente que emigró de esta provincia, buscando mejores días, tendrá que regresar nuevamente a sembrar la tierra, una situación completamente real, que no es un espejismo, ni tiene mucha relación con la corrupción y los amarres a los que se acostumbraron durante todos estos años los capitalinos, que abarcaron todo lo que emanaba de este recurso, al que tristemente le quedan los días contados.(O)