Finalmente llegó el día de definir el futuro de los gobiernos seccionales, luego de cinco eternos años de soportar, en muchos casos, el tormento del autoritarismo emulado del ámbito nacional en la década perdida. La ineficiencia, la falta de planificación, la corrupción, la falta de participación ciudadana se enquistó en la gran mayoría de los 221 Gobiernos Cantonales. Con ese preámbulo, llegamos a un proceso que convocó a más de 80.000 “sacrificados” ciudadanos para ocupar las vacantes que dejarán los dignatarios que, en muchos casos, se reúsan a dejar el cargo, al que se han aferrado.
Súbitamente han desaparecido las caras risueñas de miles de candidatos que nos mostraron su mejor faceta, en medio de la algarabía que pretendían contagiarnos un puñado de acompañantes preparados para la ocasión. La calma ha vuelto a nuestras calles. Extrañaremos las “espontáneas” demostraciones de afecto que los desconocidos aspirantes a elección popular nos ofrecían “gratuitamente”. Ya no recibiremos baratijas que nos motivaban a descubrir la generosidad del oferente. Reinará nuevamente el bullicio cotidiano, dejando en el pasado las insoportables arengas musicalizadas que invadieron el espectro sonoro de nuestra urbanidad.
Volveremos a la rutina política de siempre. Los ciudadanos continuarán con sus actividades que, en la mayoría de ellos, se desarrollan alejadas del espacio del poder. Los elegidos asumirán sus cargos y empezarán a descubrir la realidad del ejercicio de la función. Descubrirán escases de recursos económicos y abundancia de problemas acumulados, por resolver. Aterrizarán a la falta de planificación, las presiones para favorecer determinados intereses, el exceso de empleados, la obsolescencia de la gestión administrativa. En definitiva, empezarán a comprender que “una cosa es con guitarra y otra cosa es con violín”.
Poco a poco, el ambiente político ira entrando en un letargo, a gusto de las autoridades, mientras los ciudadanos se dejarán ganar por la apatía y entrarán en “receso” hasta la próxima elección. Cosa semejante ocurrirá con los partidos y movimientos políticos. Es evidente que, aquellos que no ostentaron el poder han estado ausentes del quehacer político de cantones, provincias y parroquias. Estas condiciones favorecieron el avance de la corrupción, expresada en múltiples formas. Prueba de esto es la avalancha de diagnósticos que nos presentaron los candidatos, esgrimiendo conocer con certeza las soluciones a TODOS esos males. ¿Acaso no existían desde hace tiempo los problemas que ahora denunciaron y se volvieron cómplices con su silencio? ¿Será que callaron para utilizar esas debilidades en campaña y en su propio beneficio?
Llevamos 10 años de vivir cobijados por una Constitución que declara la Participación Ciudadana como un pilar de la Democracia y otorga a los simples ciudadanos el poder de tomar cuentas de forma “permanente” a sus mandatarios. La organización social es débil. Los organismos de control actúan tarde, mal o nunca. Los abusos de poder quedan en la impunidad, con el beneplácito de los autores, cómplices y encubridores. La fiscalización que corresponde al cuerpo colegiado de ediles es inexistente y promueve una gestión Municipal arbitraria, por falta de control.
Abrigamos la esperanza de dar pasos efectivos para cambiar esta triste realidad. Es reconfortante la renovación de autoridades que han sido elegidas. Gente joven con nuevos bríos, con mente sana y ganas de hacer un buen papel. Confiemos en que no se sometan a la vieja política de gobernar para beneficio personal o partidista. Para lograr este objetivo, es necesario que la ciudadanía ejerza su preponderante rol de mandante y haga el seguimiento de la administración. No entremos en “hibernación” como lo hacen en invierno los osos polares y seguramente lo harán los políticos que no alcanzaron el favor popular, hasta la próxima campaña. ¡MANTENGÁMONOS DESPIERTOS!(O)