Los ecuatorianos de a pie, los que vivimos de nuestro trabajo, los que amamos a nuestro país y nuestros valores nacionales y cívicos, vemos con horror que la Patria se descuaderna día a día ante la indolencia de una Asamblea, que maneja su propia agenda y es evidente que por la irresponsabilidad que se maneja, consolida la inestabilidad de la democracia.
Ya lo han dicho desde los estamentos más altos, el narcotráfico es la principal amenaza del Ecuador, y su objetivo es crear el caos para continuar pescando a río revuelto. Efectivamente el país vive la “narcotización” de su economía y esta triste realidad no podrá enfrentarse si los poderes del estado continúan polarizados.

El fortalecimiento de una agenda antinarcóticos es vital  para estabilizar  la democracia; pero esta propuesta sólo queda en intención si la Asamblea no da un marco jurídico para el combate de la delincuencia organizada, porque ahora no hablamos de delincuencia común, hablamos recursos ilimitados, tecnología de punta y sobre todo de una ideología para implantar la violencia criminal.

Por otro lado desespera la debilidad del sistema jurídico nacional, con jueces que dan garantías constitucionales absurdas. Un caos a todo nivel que no podrá superarse si no se llega a un acuerdo nacional.