La pérdida acelerada de especies en todo el mundo es tan extensa que muchos expertos ahora se refieren a ella como la sexta extinción masiva, causada en gran parte por una pérdida sin precedentes de ecosistemas vitales como bosques y humedales, debido a la fuerte presión de los seres humanos. Sin embargo, en un artículo académico reciente, elaborado por el cuerpo de científicos conservacionistas que produce informes sobre biodiversidad para la ONU, continúan priorizando el bienestar humano por encima de todo y considera a los humanos como algo de mayor valor que otras especies.

En ciencias ambientales y gestión de recursos, los conceptos de recursos naturales y servicios de los ecosistemas reflejan el valor que se da al ser humano como el único beneficiario de todo lo que existe en la Naturaleza. Dichos enfoques preguntan cuánto vale una determinada entidad natural como un bosque o una especie animal, y luego intentan asignarle un valor monetario. 

El objetivo declarado es enfatizar que la naturaleza y otras especies no son solo mercancías, y resaltar la variedad de contribuciones de la naturaleza, tanto materiales como no materiales a la calidad de vida de las personas. El informe es digno de elogio por tratar de incluir una gama más amplia de visiones del mundo y valores ambientales como base para la conservación de la biodiversidad. 

Se sostiene sin embargo, que su enfoque permanece centrado en el ser humano y las especies no humanas todavía se valoran solo en términos de lo que pueden  proporcionarnos.

Una alternativa sería ampliar el enfoque de la ciencia y la política de conservación de los servicios de los ecosistemas y las contribuciones de la naturaleza a la humanidad, para incluir las obligaciones morales de las personas hacia la naturaleza, un punto de vista moral en el que se considera que cada especie y tipo de ecosistema tiene un valor íntimo.

Desde esta perspectiva, nos preguntaríamos no solo qué puede hacer la naturaleza por nosotros, sino también cómo podemos contribuir a la salud y la conservación de toda la biosfera y de todos los seres vivos que nos acompañan. Con este enfoque también nos preguntaríamos cómo podemos asegurarnos de que otras especies tengan lo que necesitan para tener una vida saludable.

Si seguimos valorando la naturaleza y a las otras especies en función de lo que nos pueden proporcionar o simplemente servir, no podremos transformar radicalmente nuestra relación con ellas. Sus vidas no tienen precio y su pérdida no se puede cuantificar ni recuperar. Después de todo, la extinción es para siempre; su ausencia eminente no solo amenaza nuestra existencia, sino que constituye una grave falla ética.