Este 8 de marzo, Día de la Mujer elevamos nuestro reconocimiento a todas las mujeres del mundo, quienes llevan sobre sus hombros la enorme responsabilidad de la familia, el trabajo, del bien de la sociedad.
Esta última semana ha sido especialmente conmovedor ver a miles de mujeres que deben huir de Ucrania llevando a sus hijos, muchas de ellas con cuatro niños o más, quienes deberán afrontar solas un destino incierto y la supervivencia de los suyos.
Hemos visto a mujeres llevando a sus padres ancianos, y a niños en sus brazos, llevando maletas con los recuerdos de una vida que es solo pasado. De un millón de refugiados ucranianos, más del 80 % corresponde a mujeres, niños y ancianos, los hombres deben quedarse para defender a su Patria.
Más allá de los discursos de género que abogan por los derechos de las mujeres, vemos hecho vida el papel fundamental de la mujer como centro de la estabilidad de miles de familias que ponen en ellas todas sus esperanzas. Mujeres que entre lágrimas saben que en tierra desconocida deben buscar un trabajo para asistir a los suyos porque se han quedado sin nada y no los pueden dejar morir de necesidad cuando la ayuda humanitaria termine, porque todo llega a su fin.
El valor e estas mujeres ucranianas nos trae a la memoria el valor de miles de mujeres que fueron los pilares de la reconstrucción de Europa después de dos guerras mundiales. Ellas levantaron los escombros, ellas alimentaron a sus hijos, ellas enterraron a sus muertos, ellas reconstruyeron sus hogares, ellas fueron el pilar de la nueva civilización.
El fantasma de la guerra ronda Europa, máquinas infernales se han puesto al servicio de la destrucción causando enormes sufrimientos y pérdidas. Abogamos para que esta situación se detenga y que la paz y la cordura vuelvan a este mundo. (O)