Hoy el mundo celebra esta fecha que busca visibilizar a este grupo de la sociedad tan importante y al mismo tiempo tan vulnerable. La pandemia agudizó y puso sobre la mesa el drama humano que viven miles de niñas que son objeto de violencia en distintos grados y lo más grave dentro de su entorno, muchas veces familiar.

Otro tema que marcó a la crisis sanitaria fue el desarrollo tecnológico que se impuso ante la necesidad de estar conectados en el confinamiento; pero como era de esperarse, estas plataformas no solo sirvieron para el desarrollo de la educación, sino para un despegue inusitado del ciberacoso o ciberbullyng, en el que las víctimas principales han sido las niñas.

Y aquí se debe hablar del embarazo en niñas y adolescentes, como consecuencia de un recurrente acoso sexual en su entorno familiar. Una situación realmente dolorosa, injusta, repudiable, para la que hasta la fecha no se encuentra una salida viable.

En este día levantamos nuestra voz de solidaridad a todas las niñas del mundo, a las de nuestro entorno y especialmente a las niñas indígenas que viven situaciones extremas en soledad. El suicidio de una pequeña adolescente en los páramos de Pujilí, es un llamado de atención para las autoridades, para las familias y para la sociedad en general.