La señora Alexandra Vela renunció a la cartera de Gobierno. Ha dejado constancia que lo hace por cuanto el Presidente de la República no hizo caso a su propuesta para activar la denominada “muerte cruzada”, como forma para solucionar el permanente, interesado e irresponsable bloqueo legislativo. Es muy comprensible su determinación, pues, en su visión política, ofrecía una salida constitucional por un lado y de ética pública, por otra. El objetivo: mandar a la casa a una asamblea integrada en su gran mayoría por inservibles y politiqueros de última.

Ante el permanente bloqueo a las iniciativas del ejecutivo, el Presidente de la República declaró que gobernará a través de decretos y reglamentos. Eso simplemente es una simpleza lanzada para el despiste momentáneo, pues es imposible en un régimen democrático prescindir de la función legislativa. Por ello, se ha inclinado por retomar la vía del diálogo, tal como lo ha declarado el nuevo ministro de gobierno, cuando dice: “nosotros no podemos renunciar al diálogo, el país necesita estabilidad política”. 

Y añade, con cierta dosis de autosuficiencia: “eso es lo que yo voy a construir”. Algunas bancadas legislativas han recibido con beneplácito el nombramiento del señor Jimenez, como queriendo entender que tal vez con él si podrán ponerse de acuerdo para alcanzar sus propósitos, considerando su paso por el gobierno de Correa. Según el Ministro, los límites del diálogo -que aspira tener con las cinco bancadas para superar el total bloqueo y torpedero del legislativo-, están expuestos, esto es, “ni impunidad ni corrupción”.

Parecería entonces que la muerte cruzada les tenía nerviosos y su sola mención les hizo inclinarse por el diálogo. A todo esto, debe añadirse el anuncio de una consulta popular, como arma de presión, si los diálogos se estancan y no dan fruto. No debe olvidar el gobierno que ya existen preguntas aprobadas por la Corte Constitucional que puede retomarlas para ganar tiempo.

Queda la incógnita: ¿los diálogos serán democráticos para asegurar la gobernabilidad, o traerán aparejados oscuros “acuerdos” de trastienda? Difícil saber. No obstante, se puede intuir que tienen que ver con el cambio de autoridades de la asamblea, comenzando por su presidenta, reorganización de comisiones y posibilitar el juicio político a los miembros del CPCCS. Este último, a su vez, con el claro mandato de elegir al contralor y otros funcionarios de alto nivel.

Para que la democracia funcione tiene que existir el ánimo de buscar puntos de coincidencia respecto de los temas de interés general, como seguridad, trabajo, educación, salud; más, la asamblea no ha dado respuesta a estos temas y más bien ha desechado importantes proyectos de ley enviados por el ejecutivo, sin ningún análisis serio. De ahí que el diálogo que quiere retomar el gobierno, con visos de ingenuidad manifiesta, nos ofrece una sensación de lógica incredulidad.

De todas maneras, todo intento por lograr consensos, sobre la base de un diálogo abierto y a la luz del día, es positivo. Quienes no contribuyan a encontrar derroteros que conduzcan a posibilitar objetivos nacionales de progreso y bienestar, serán vistos como individuos perversos que solo buscan la anarquía.  Al gobierno “del encuentro”, también le puede pasar factura si no logra su objetivo. (O)