No hay duda de que el diálogo entre el Ejecutivo y las organizaciones personificadas en la Conaie creó expectativa. Lo propuesto por el Presidente Constitucional de la República con una de las tropas sociales, representadas por los dirigentes de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas, encabezados por el máximo dirigente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, Leonidas Iza, el día lunes 4 de octubre de 2021, es -por el momento- mi ejercicio de opinión en este fin de semana.

Recordemos que el diálogo es una plática entre dos o más personas, es en política un ejercicio democrático y comenzó el 20 de agosto de 2021, cuando la Conaie manifestó su predisposición para conversar con el gobierno nacional, en esta fecha acudió al Palacio de Carondelet una comitiva de la Confederación y de otras organizaciones sociales, para iniciar diálogos con el gobierno nacional sobre temas de interés mutuo. Tristemente esta reunión -que la marcamos como preliminar- terminó sin acuerdos. Correspondió al presidente Guillermo Lasso, tomar una nueva iniciativa y propiciar la reunión de referencia del 4 de octubre de 2021.

El Ejecutivo señaló como fecha de la reunión entre delegados del Ejecutivo y delegados de los pueblos y organizaciones sociales el día 4 de octubre de 2021. Vale decir, que algunos dirigentes indígenas pretendían que el diálogo sea público y transmitido en directo, mientras otros pocos, manifestaban -inclusive- su oposición a acudir a la invitación del señor Presidente de la República. Mientras que, el lunes 11 de octubre de 2021, se dialogó con la Fenocin y otros grupos étnicos y sociales, llegando en este caso a acuerdos primarios y a la formación de mesas de trabajo. Son comprensibles las preocupaciones manifestadas por la dirigencia de los pueblos, nacionalidades y organizaciones sociales, así como las que plantea la sociedad civil.

La predisposición al diálogo en estas circunstancias, requiere encontrar puntos de contacto entre las exigencias planteadas -desde la óptica de la dirigencia de los pueblos, nacionalidades y organizaciones sociales- frente a una realidad jamás imaginada, fruto entre varias razones, del dispendio de los fondos y recursos públicos en los últimos gobiernos ‘revolucionarios’, a lo cual se suma la fatal pandemia mundial de la covid 19. Entonces, el objetivo central de dialogar no sólo con estos importantes grupos sociales, sino en general, entre las funciones del Estado, con movimientos y partidos políticos, la sociedad civil en general, y tratar de encontrar soluciones de momento, otras inmediatas, a mediano plazo y muchas otras que requieren del largo plazo, deben constituir acuerdos que rescaten el interés general del pueblo ecuatoriano, no solo de un grupo o de varios grupos, por más representativos que aparezcan, fundamentalmente deben respetar la Carta Constitucional, el marco jurídico vigente, la estructura institucional y la separación y autonomía de poderes.

Los diálogos deben ser instrumentos para instaurar asentimientos, cada parte debe respetar -hasta en lo formal- a la otra, no es digno llegar atrasado a una reunión de este nivel político y peor aún no aceptar que pese a no tener mayoría en la Asamblea Nacional el Ejecutivo y quien lo representa, el presidente Lasso fue elegido democráticamente para ejercer la primera magistratura del país en los próximos cuatro años por la mayoría de los ecuatorianos. Las amenazas no pueden ser parte de ningún dialogo, mucho más si es sobre temas de políticas públicas que nos atañen a todos los ecuatorianos y no solo a una parte, por respetable que esta sea. No convirtamos el diálogo político en un acto literario en el cual se finge una plática o controversia, seamos serios el momento que se vive, la patria así lo exige.