El pasado fin de semana estuvimos rutiando por los caminos de la vecina provincia de Tungurahua y la verdad da mucha satisfacción andar por cualquier lado; por donde uno pasa, ya sea la punta del páramo o cualquier camino pequeño en la zona rural, se encuentra perfectamente asfaltado, y sobre todo, muy bien mantenido; pero uno llega a esta provincia y se topa con el asfalto totalmente deteriorado en la mayoría de caminos, destruidos hasta más no poder , llenos de huecos, que son prácticamente boca de volcanes, una diferencia abismal entre una provincia y otra.
Uno sabe que llegó a Cotopaxi cuando en los caminos del límite provincial se termina el asfalto, o el mismo está totalmente destruido, o ya se pinchó la llanta de la bicicleta; qué triste es esta realidad y sentir el olvido de las autoridades.
Definitivamente nos encontramos muchos años atrás de nuestro vecino del sur, ya es hora de que cambiemos el chip de nuestra cabeza y comencemos por sentirnos orgullosos de nuestra tierra y trabajemos por ella; en la actualidad lo único que quiere el que vive en esta patria chica, es salir corriendo a otros lugares, sin importar si está bien o mal hecha una obra, sin importar de qué manera se utilizan los recursos; es decir nadie le quiere apostar a Cotopaxi, a nadie le importa si están poniendo un buen asfaltado en las vías, con material y trabajo que tenga garantía, aquí nadie exige nada, porque existe una podre visión de paso, no hay esperanza en nuestra tierra, no tenemos esperanza en nosotros mismos, algo que definitivamente, tiene que cambiar radicalmente en nuestras cabezas.(O)

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