La comunidad internacional tiene en los actuales momentos un lugar importante en la convivencia pacífica de los pueblos y naciones. Creemos en una comunidad más amplia y elevada que responda sin lugar a dudas a la razón, sin embargo de que, en muchos casos queda como una simple aspiración todavía mal utilizada o utilizada bajo puntuales intereses de los Estados más fuertes de esta comunidad. El Derecho Internacional descansa bajo la premisa de una sociedad internacional, a la cual se ordenan y subordinan las soberanías de los Estados en búsqueda del bien común de los seres humanos, en igualdad de derechos y deberes. Sin embargo de lo anotado, es conocido por todos que, aun en el campo interno de cada Estado, la acción del poder pierde generalidad y continuidad, cuando debe enfrentar intereses de grupos y no aquellos que por razón corresponde a las grandes mayorías. Igual pasa con la vigencia del Derecho Internacional, utilizado bajo la égida de los Estados poderosos, desarrollados, de primer mundo; frente a aquellos menos desarrollados, en vía de desarrollo o pobres.
Las realizaciones humanas en búsqueda de una paz en el mundo, son manifestaciones de reflexión, que buscan involucrarse en el mejoramiento de la sociedad bajo el presupuesto de un orden mundial, Para ello los Estados han ido buscando los puntos de contacto que permitan superar lo ejecutado en el pasado y para ello han demandado una conciencia colectiva que permita al mundo vivir en paz y que las poblaciones puedan desarrollarse. El mundo siempre miro con optimismo la vigencia de un Derecho Internacional, sin embargo algunos hechos mundiales rompen ese optimismo y enfrentan al mundo a una penosa realidad, los grandes intereses geopolíticos de los países hegemónicos, desarrollados, de primer mundo están por sobre el bien común mundial que propone el derecho de gentes, utilizando para ello la guerra de conquista y sumisión.
Surge entonces lo que varios autores han denominado la Doctrina Sucre. En 1828 la relación de la denominada Gran Colombia con el vecino Perú estaba deteriorada y bajo el espíritu guerrero de los peruanos era inminente una guerra. El Presidente del Perú Mariscal José de la Mar, decidió incorporar a ese país los territorios ecuatorianos de Guayaquil, Cuenca y los espacios amazónicos de Jaén y Mainas. Simón Bolívar encargo la defensa de nuestros territorios al Mariscal Antonio José de Sucre, quien al mando del ejército Grancolombiano venció a las fuerzas peruanas invasoras del suelo patrio en Tarqui un 27 de febrero de 1829.
El Mariscal Sucre, apenas terminada la batalla, ofreció una capitulación al ejército peruano comandado por José de la Mar, señalando a sus delegados “no abusar en ningún caso de la victoria”, Jamás la victoria puede ser instrumento de humillación y/o sumisión de los derrotados. Esta es la idea fundamental y el sustento de la Doctrina Sucre, estos es, la más pura expresión de la grandeza de su autor y de la nobleza de nuestro pueblo y sus soldados.
Para el Ecuador es muy digno que con su sangre se haya escrito e inscrito en el -Continente Nuevo- la básica norma del Derecho Internacional, que hace real la igualdad jurídica de los Estados, esencia del derecho moderno de los pueblos. Los derechos del Ecuador -a su territorio tradicional, a su independencia, a mantener su ser nacional en definitiva- eran los mismos antes que después de la batalla, no reclamaba ni buscaba nada de territorio que fuera auténticamente peruano, no pretendía intervención sobre el Perú, pero tampoco aceptaba, -no podía tolerar tropas peruanas en su territorio-; en suma no se habían generado derechos para el vencedor: la justicia del Ecuador era la misma antes que después de la batalla. Lo hermoso y grato para el Ecuador es que, a su nombre el Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, siendo el gran vencedor de Tarqui, haya pronunciado una tesis plenamente vigente del Derecho Internacional que se sintetiza en que la fuerza de una guerra no crea derechos, que nuestra justicia era la misma antes, que después de la batalla. Esto lo hizo apenas definida la batalla y habiendo el mismo descendido hasta la pampa del norte de Girón.(O)