Es indígena y se viste como tal, utiliza un poncho rojo, es el líder de una comunidad muy importante de la Sierra ecuatoriana, desde muy joven hizo dirigencia y expresó sus preocupaciones por la realidad de sus hermanos, tiene presencia en medios de comunicación y probablemente es uno de los nombres más conocidos del centro del país ¿sabe quién es? No, no es el que sabemos, es don Luis Alfonso Chango, gerente general de la Cooperativa Mushuc Runa y presidente vitalicio del club de fútbol del mismo nombre.

                  Y seguramente usted se preguntará estimado lector ¿por qué le dedico un editorial? Pues lo hago porque hace pocos días -en el feriado- vi una entrevista de casi dos horas que concedió a un medio de comunicación de Ambato, en el cual entre otras cosas compartió su visión desde el indigenado del paro, de la crisis económica y de las soluciones que deberían darse para salir de ella y lo hizo SIN ACUSAR AL IMPERIO, ni convocar a cerrar vías, atacar al poder constituido o aupar a la violencia y no, no es ni de derecha, ni oligarca, ni blanco, ni mestizo, es un orgulloso indígena de “la comunidad Echaleche, sector Allpachaca, perteneciente a la parroquia Pilahuín del cantón Ambato, provincia de Tungurahua a 3.250 metros de altitud” y como le digo, también usa poncho rojo.

                  La entrevista que le comento y que pulula en las redes sociales tiene varios puntos importantes que quiero destacar, el primero, cuando le preguntan si su solicitud para ser parte del Club más exclusivo de Ambato fue rechazada o no, él contesta que no solo que nunca la presentó, sino que dicho Club que supuestamente le negó el acceso, está en unos 5000 metros cuadrados, que él en Echaleche tiene un complejo de 450 000, entonces las diferencias son enormes, por cierto, el de Echaleche está abierto al público, se realizan ferias, eventos sociales y hasta la llegada de una de las etapas de la Vuelta Automovilística a la República, así que pelucón de clubes privados no es, más bien comunero de 45 hectáreas.

                  Posteriormente le inquieren sobre el paro indígena y suelto de huesos responde que el levantamiento del 90 fue icónico, porque en esa época la ciudadanía se solidarizó con ellos, los entendió, les regalaban comida, ropa y los apoyaban, que el del 94 también, pero que en adelante “solo saben” cerrar vías y perjudicar a la gente, que hay rechazo generalizado en las ciudades, que los 300 empleados de la Cooperativa a nivel nacional tienen que hacer de todo para llegar al trabajo y que él no piensa detener las actividades porque una cúpula “que quiere llegar a la Prefectura o a la Alcaldía” se lo ordenen, que ni él ni los suyos son ‘’borregos’ de los líderes.

                  Finalmente Don Luis Alfonso comenta que a los 19 años los dirigentes indígenas de la época le acusaban de mestizo, de acomodarse a lo que la derecha decía, de no ser leal con sus principios (solo faltó que le amenacen con justicia indígena) y que a esa edad fue donde su mamá a preguntarle si eso es cierto y que su progenitora le dijo “¿cómo vas a ser mestizo si eres Chango y vives en la comunidad?”; a partir de entonces nunca más le importó lo que los ‘paladines de la justicia’ -que no generan empleo- le digan, él se convenció de que para cambiar la realidad de su pueblo tenía que empezar a producir y comenzó el trabajo para constituir el grupo cooperativo más importante de la Sierra Central, con 400 millones de dólares en activos, el que financia la compra de los tractores y no solo los usa de lema de campaña, perdón, de movilización social.

                  Me llenan de esperanza testimonios como el de Don Luis Alfonso Chango, que abandonan la posición cómoda de quejarse y calentar las calles para impulsar la economía y dar trabajo a su gente, sobre todo porque desmitifica que el poncho rojo solo se usa para crear caos, pues él construye esperanza.