Hay que visitar el Aeropuerto Mariscal Sucre, para darse cuenta de la tremenda desesperación de nuestros compatriotas, por abandonar el país, para cumplir el sueño americano a como dé lugar, no les importa absolutamente nada, tomando en cuenta que se calcula que de cada diez migrantes que intentan cruzar la frontera mexicoamericana, siete son deportados. 
Son desgarradoras las imágenes de los migrantes deambulando en los desiertos, jugándose la vida, muchos de ellos perdidos, sin que sus familiares sepan nada de su suerte. 
Y es que tal vez, cuando se deciden a emprender este viaje sin retorno, no saben exactamente las consecuencias del mismo, no saben que tienen que trasladarse en contenedores de camiones, no una , ni dos veces, sino varias, a temperaturas excesivas, que pueden ocasionar deshidratación e incluso la muerte; luego, si logran pasar estas primeras etapas de traslado, llegan a territorio de narcotráfico, donde si no pagan una vacuna, no podrán acceder a esa región, que les permitirá llegar a la frontera.  
Muchos mencionan que uno de los requisitos adicionales para pasar, es el traslado de droga. Si logran reunir estos requisitos, se enfrentarán a peligros eminentes, como el paso del río Bravo y un desierto despiadado, el cual exige una condición física extraordinaria.
Es terrible saber que nuestros hermanos, a pesar de los interminables riesgos, que conllevan estos viajes, prefieren pasar estas circunstancias mortales, que seguir viendo como se mueren de hambre sus familias en nuestro país. 
Esperamos que de manera urgente nuestros representantes aprueben una nueva Ley Laboral, que permita combatir esta situación inhumana que le tiene a nuestra sociedad en jaque.