Varios son los años que han transcurrido desde cuando, en esas épocas, un joven soñador, intentaba dirigir al estamento más importante que tiene la cultura ecuatoriana y por ende Cotopaxi, nuestra sempiterna provincia.
Como él mismo confesara de manera pública en múltiples oportunidades, fue un ‘aprendiz’ como en las viejas escuelas de Grecia, de esa añeja Europa de la que tenemos muchos legados, con sabios maestros, e ingresó al mundo de la cultura de la mano de uno de los hombres que, lastimosamente, no fue reconocido en vida, pero que lo será en la posteridad en la verdadera dimensión de sus aportes a la ciencia, a las artes, a la cultura en general, el licenciado Edmundo Rivera Villavicencio, el verdadero ‘Suco’, quien le condujo por ese sendero al cual ha aportado con solvencia, conocimientos y, sobre todo, con absoluta transparencia, con honestidad, sirviendo a la comunidad hacia los más diversos rincones de nuestra sociedad sin considerar razas, etnias, credos, posiciones ideológicas, colores y sabores, a todos por igual y mucho más a aquellos que requerían de su contingente directo.
Edmundo Rivera Robayo, latacungueño de cepa, amante de su tierra natal, allá por los primeros años del presente siglo, fue elegido por unanimidad como el flamante presidente de esa casona por la que pasaron jóvenes con múltiples ideas, planteamientos y, sobre todo, con sueños de verle a esta ciudad y provincia por los mejores andariveles en ese incomprendido mundo del quehacer cultural y claro hoy, por esa condición inexorable del tiempo, se van convirtiendo en los ‘viejos’, pero de esos mayores que han dejado una huella imborrable en esos vericuetos de este mundo de las artes, la ciencia y las letras.
No nos obliga escribir nada por amistad, creo que es una obligación moral de quienes tenemos esos privilegios que nos ha dado el Hacedor del Universo, esta tierra nuestra Latacunga y los responsables de nuestro diario, La Gaceta, de dejar sentada de manera pública una simple opinión con la cual muchos compartirán y otros no, pero en fin ese es nuestro mundo y esa es la democracia.
Edmundo Rivera, sin temor a los equívocos, ha ejecutado una de las mejores acciones en la Casa de la Cultura de Cotopaxi, cumpliendo ese antigua receta que debe superarse a los maestros aprovechando sus enseñanzas y experiencias, ampliando los horizontes de esa añeja casona por la cual han pasado cientos de niños, jóvenes, adultos y muchos más de todos los sectores de nuestra sociedad iniciándose en el difícil mundo de las artes.
En algún instante los números que no mienten, que son exactos, nos darán la razón cuando se eleve un informe compilado de todo lo ejecutado y, de manera especial, con cuánto dinero, lo cual va a ser algo especial porque todos conocemos de la escuálida economía de la institución que ha hecho casi ‘milagros’, con el apoyo de funcionarios, empleados, directivos y miembros correspondientes del núcleo de Cotopaxi, para lograr los objetivos alcanzados hasta unos cuantos días.
Digno, y este es un adicional para ese paso a la historia, no como un simple y fugaz dirigente, sino como el ciudadano que dio inicio a la ampliación de los horizontes de la cultura llegando a dos cantones de amplio quehacer en estos aspectos, La Maná y Pujilí, extensiones que tienen ya una importante presencia y actividad en cada uno de esos sectores.
Otro de los asuntos que debe resaltarse es la interesante representación a nivel nacional con participaciones frontales y justas en temas álgidos en defensa de la supervivencia en el tiempo y en la sociedad del legado de Carrión, del fundador de nuestra institución, cuando le tocó, por méritos, integrar comisiones especiales que dieron los frutos para la revisión de los varios borradores que tuvo la malhadada Ley de Cultura que, esperamos, la actual administración de la Asamblea, del Ministerio y de la Casa Matriz, hagan los correctivos necesarios para no entorpecer la labor que por décadas ha venido desarrollando la casa de Carrión.
Una vieja canción popular dice en una de sus partes, en vida, y yo acojo esto para decir que llegará el momento en que en nuestra tierra los reconocimientos se hagan en vida porque allí trascienden y perduran en el tiempo y este, es un mínimo, pero sincero y objetivo aporte a todo aquello que es positivo en las acciones ejecutadas por latacungueños como Edmundo Rivera Robayo.(O)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

16 + 2 =