Hace varios años -en los meses de junio y julio- se presentaban las clásicas nevadas, que consistían en una llovizna fría, que con más intensidad ocurrían en nuestros páramos, pero estos episodios del clima eran cíclicos y muy beneficiosos, porque aumentaban los caudales de agua en los ríos y cauces hídricos, cuando en los valles de la serranía empezaba la época seca, pues teníamos agua de alta calidad y en abundancia; además muchas especies necesitan horas frío en la etapa de agostamiento.

En este curso del año, en cambio, advertimos las mismas circunstancias, pero con mayor rigurosidad, con lloviznas muy frías y abundantes con fuertes vientos que han perturbado las actividades humanas; todo esto debido a que el cambio del clima a nivel mundial ha alterado las corrientes atmosféricas y marinas en donde las primeras desde el Océano Atlántico -cargadas de alta humedad- cruzan la Amazonía, llegan a nuestra cordillera andina para producir  precipitaciones abundantes y al encontrarse sin una cobertura vegetativa natural en el suelo, no se produce un escurrimiento lento, moderado y por el contrario, el agua baja precipitadamente produciendo deslaves, derrumbes, inundaciones, destrucción de todo lo que encuentre a su paso y lo que es más grave, pérdida de vidas.

Estas situaciones se dan regularmente en época seca, pero desde el período de lluvias ya existían precipitaciones excesivas que causaban daños en las carreteras, fuertes inundaciones en el Litoral y en el resto del territorio, sin embargo no aprendimos la lección para prever que estos episodios se vayan a repetir y no tomamos precauciones asegurando las áreas críticas que ya se conocen desde hace mucho tiempo; en Tinieblas por ejemplo, de la vía al cantón La Maná, se observan en la parte alta bosques destruidos, sin la vegetación arbustiva que protege la vía, y no se ejecutan obras de ingeniería para evitar los deslaves, el caso de Río Blanco; no debía  haberse permitido la construcción de viviendas cerca de un profundo barranco con un cauce que también está desprotegido de vegetación superficial. Cada año se decretan estados de emergencia, pero el dinero llega cuando dejó de llover, la tempestad ya pasó y esperaremos el próximo año, que viviremos las mismas situaciones de imprevisión.

Específicamente en la cuenca alta del Pastaza, no existe una cobertura vegetal eficiente para disponer un régimen de lluvias convenientes a las necesidades de la población, de manera específica en el sector agrícola que es el sector humano que más sufre por las pérdidas en sus actividades productivas; es hora de iniciar una cruzada con el apoyo de todos los sectores para realizar una reforestación masiva en el valle y cuidar y proteger nuestros páramos y quebradas en forma natural, ya que son las fuentes productoras de agua; en caso contrario los efectos adversos del clima serán cada vez más catastróficos, en donde el culpable será el mismo ser humano al no respetar los procesos naturales del planeta. (O)