El día martes pasado recordamos el primer año de la desaparición física del mundo terrenal del señor doctor Julio César Trujillo Vásquez, se cumplieron los rituales religiosos desde la iglesia del Colegio San Gabriel en la ciudad de Quito, misa que fue transmitida por el Canal de Televisión de la Universidad Católica.

Al momento en que se desarrollaba este acto  religioso, litúrgico-católico, pensábamos en doña Marta Troya Jaramillo,  su compañera de siempre, estoy seguro de que en su pensamiento y oraciones Martita  recordaba junto a quienes desde nuestras casas atendíamos la misa, la vida junto a Julio César -su esposo que se adelantó al llamado de Dios- y entiendo recorría la vida junto a este gran hombre público y obviamente su satisfacción de estar segura de que la vida de su cónyuge  fue dedicada  por entero al servicio a la comunidad y a la enseñanza, -la cátedra-,  que representó su propia forma de vivir. No hay duda de que su representación de vida es un ejemplo a seguir, constituye una verdadera pedagogía. Numerosos ciudadanos tuvimos el honor de ser sus alumnos, de ellos pocos podrán decir que son sus discípulos; en todo caso, todos recibimos de él tantas lecciones, era muy generoso para transmitir sus experiencias y conocimientos, severo para reprender, muy solidario para compartir y con un don de gentes muy especial, comprensivo para tolerar.

En la academia lució con luz propia, profesor superior, Decano, Coordinador General de Posgrados y Vicerrector de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, ejerció las cátedras de Derecho Laboral y Social, Derechos Humanos, Derecho de la Integración, Seguridad Social -entre varias-, lo hizo en centros de educación superior y posgrado del país y del exterior. En la política batalló  y demostró que era un gran luchador social, fue un legislador ejemplar, dueño de una conducta y honradez acrisoladas, verdaderamente un ejemplo a seguir, cuánta falta hacen al país hombres de su talla patriótica, de conducta y  de procedimientos, resultado de lo dicho fue designado el primer Defensor del Pueblo del Ecuador. Combatió siempre en búsqueda de la justicia, el respeto a las libertades humanas y la paz social, lo hizo siempre con humildad, cuando otros lo hacían con ostentación, con perseverancia hasta conseguir lo mejor para quienes menos tienen dentro de la relación social.

Por eso es que su compromiso siempre estuvo consustanciado con la causa del trabajo. Los obreros y el movimiento sindical y social tuvieron en él -más que a un abogado defensor- a un verdadero militante de las causas de los trabajadores , su vida ejemplar la dedicó justamente  a una ininterrumpida labor  en búsqueda de la equidad y la justicia social, dejando de lado las apetencias, centrándose siempre  en la dimensión permanente del servicio a los demás.

Siempre lo recordaremos Julio César, como el ciudadano que estuvo a la altura del destino y que el ejemplo  de su honestidad, de su autenticidad, de su patriotismo insobornable, de su heroica capacidad de servicio será la mejor semilla para la patria que hoy tanto lo necesita. El Ecuador con el cual soñó, por el cual luchó y en cuya construcción durante su vida terrenal puso los mejores esfuerzos. En este grato recuerdo de su paso por la vida,  queda mucho que decir, pero igualmente mucho que hacer. Mi homenaje de siempre querido maestro y amigo, ejemplo de transparencia, honestidad y militancia. -Ejemplo de vida-  ¡Descanse en paz!(O)