La gran mayoría de nosotros al mirar a nuestro alrededor tiene una falsa percepción de la abundancia del agua y no es para menos porque está presente  en los océanos, mares, nevados, en los polos y nos tropezamos con ella a cada paso que damos, sin mencionar  que en las urbes  el acceso al agua la tenemos con solo abrir un grifo, esta aparente “sencillez y abundancia” no permite visualizar dos realidades importantes, la primera es que sólo el 1% del agua del planeta Tierra es dulce y apta para el consumo, y la segunda es que según la OMS (2015) existen 663 millones de personas sin acceso a agua potable mejorada y esto es el  9 % del mundo, es decir, el agua dulce no es ilimitada y tampoco está al alcance de todos.

El crecimiento poblacional, la demanda de agua, la pérdida y disminución de fuentes, el incremento del sector agro, la industria y la  contaminación hacen que cada día el acceso a este recurso sea más complejo, además la situación actual es el resultado de gestiones ineficientes del agua durante muchos años, por esta razón la gestión adecuada del agua debería estar como uno de los ejes del desarrollo en la agenda de todo Gobierno. El agua juega un rol  fundamental  en las actividades socioeconómicas,  da soporte a las necesidades básicas del ser humano, además el acceso y calidad de este recurso son indicadores de desarrollo (industria, agricultura, energía y ocio).

Todos  los países tienen una dependencia del agua y es proporcional a su grado de riqueza y nivel de producción, por tal razón su protección también debería estar en proporción de la dependencia y demanda de aquellos que hacen un mayor uso de ella. Como lo dice Judith Domínguez Profesora Investigadora del Agua Mexicana ”Si la protección ambiental no ha alcanzado el debido lugar para incidir en la toma de decisiones, el agua a fuerza de su escasez o contaminación terminará teniendo este lugar“ .

Ignacio Ramonet, en su libro Las Guerras del Siglo XXI, expone que uno de los conflictos que marcarán este siglo radicará en aquellos que tienen como base común el medio ambiente y uno de los más críticos viene dado por la escasez y contaminación del agua dulce, esto hace suponer que la seguridad hídrica es un factor imprescindible para la estabilidad y seguridad mundial.

En Ecuador estamos a puertas de un proceso electoral, se escucha propuestas de comercializar el agua para obtener divisas extranjeras, y por mucho que trato de verle el lado positivo de esta idea no deja de paréceme descabellada, de hecho existen algunas ciudades en Ecuador donde el aprovisionamiento del agua sólo se da en ciertas horas del día, existen localidades donde la falta de agua evita que los agricultores aprovechen sus campos. La planificación debe ser parte fundamental del plan de gobierno de cualquier candidato y aquel que quiera convertir  al agua en una moneda de cambio puede ponerse la etiqueta que guste menos la de ecologista.

El agua cotiza en bolsa, pero no equivoquemos la reflexión, a mi parecer este acto histórico no  simboliza el momento en que el agua se convierte en un bien negociable, sino el momento en que este recurso da síntomas de su escasez y su posesión se convierte en estratégica, la verdadera riqueza no está en venderla sino en poseerla y gestionarla adecuadamente.