En las comunidades indígenas encontramos rituales cotidianos que expresan la energía del corazón “ushay sumak shungu”, que forman una matriz comunicacional cultural sustentada en costumbres ancestrales, donde las interrelaciones humanas de afecto constituyen el pilar fundamental para la vida en pareja, en familia y en comunidad.

La vida en pareja –“Ishkay kawsaymanta”- se inicia con el matrimonio y es para toda una vida, a las que sólo la muerte, físicamente separaría. La ceremonia del casamiento tiene actualmente el componente impuesto por los ritos especialmente de la religión católica, pero se conservan aspectos de la tradición andina, donde padres y padrinos aconsejan a los novios sobre la vida que llevarán, los oficios que les esperan en el matrimonio. La experiencia de sus mayores se constituye en guía durante la vida en pareja, con ejemplos de la naturaleza explican la convivencia que debe crecer por fuera y por dentro, como un gran árbol, así como crece por fuera, debe tener raíces tan profundas para lograr sostenerlo. Es esencial llegar a sentir la fuerza del compromiso, entendiendo que no es algo que aparece un día de la nada, este se construye a diario. Un matrimonio para consolidarse, debe estar preparado para afrontar los problemas con altas dosis de diálogo y compañerismo. Vivenciar el matrimonio implica aceptar y estar preparado para todo lo que el río pueda traer. Así pasarán los años, con pobrezas y riquezas, con largas sequías y largas lloviznas, entre alegrías y quebrantos; porque de todas estas cosas está hecha la vida.

Sobre la familia –“Ayllu kawsay”-, el diario vivir está marcado por el trabajo compartido, empezando muy temprano y distribuyendo la jornada a lo largo del día con tareas preestablecidas. Las jornadas diarias están marcadas por un fuerte intercambio de saberes basado en la oralidad, es así como se apropian de conocimientos relacionados con la vida en el campo, se cuentan historias, leyendas, mitos; la danza, la música y los cánticos sirven para alegrar el espíritu o poner un bálsamo a las penurias y sufrimientos. Así se van tejiendo los días, entre recuerdos y nostalgias, entre visitas y canciones. La familia andina va más allá de papá, mamá, hijos, se extiende hacia los abuelos, los hermanos, los padrinos, en definitiva es un reencuentro permanente que se desenvuelve entre la alegría y el dolor y que da fundamento al principio de no ser ocioso, todos en la familia tienen un rol, ya que en el campo si se trabaja no se muere de hambre, ya que todo madura si se sabe cultivar, cuidar o criar; la Pachamama da la vida de manera cíclica, dando y reitegrando.

La vida en comunidad –“Llacta kawsay”-, la minga y las fiestas son los ejes cohesionadores de la vida social andina. La primera prioriza el trabajo colaborativo y las otras sincronizadas con las fases lunares que marcan los ritmos agrícolas, establecen esa amorosa relación entre los comuneros y la naturaleza, los runas celebran la siembra, el florecimiento, la madurez y la cosecha que forman sus cuatro principales fiestas “Raymi cuna”. En ellas se produce una de las más bellas tradiciones, la “pambamesa”, que es la comida compartida por todos entre todos, también son propicios estos encuentros y reuniones para que taitas y mamas compartan sus experiencias, hablando sobre las propiedades medicinales de ciertas plantas, de cómo soplar para los rituales, de qué tratamientos seguir para algunas enfermedades o cómo preparar los alimentos.

Para el hombre “runa” andino la verdadera razón de su vida está en la naturaleza, ella es dadora de paz, camino de armonía entre todos los seres, formando una hermandad cósmica. Predican la rebeldía contra todo aquello que limita el espíritu del hombre, jamás se enseña la muerte, sino la vida, no se enseña el odio, sino el amor. Ese amor no entendido como un concepto abstracto, sino aquel que se puede expresar de forma más concreta por la energía y el poder acumulados en el corazón. Esa es la esencia del ushay sumak shungu o amor andino. Ushay: energía / Sumak: poder / Shungu: corazón.(O)