El bullying o acoso es la agresión para ejercer poder sobre otra persona. Concretamente, los investigadores lo han definido como una serie de amenazas hostiles, físicas o verbales que se repiten, angustiando a la víctima y estableciendo un desequilibrio de poder entre ella y su acosador. A medida que las dinámicas sociales han ido cambiando a lo largo del tiempo y debido al auge y uso de las tecnologías de la información y de la comunicación como Internet o los teléfonos móviles, los niños están cada vez más expuestos a nuevas formas de bullying. Unicef.
El bullying implica por sí mismo una manera de intimidar, tiranizar, amedrentar y como sustantivo hace referencia a valentón, matón siendo el bully el agresor y el buller el agredido o la víctima. De esta manera el bullying tiene como actores a sus propios alumnos, mediante acciones que son reiteradas y que rompe la simetría que debe existir en la convivencia entre iguales, generando un proceso de victimización en quien es sujeto de violencia interpersonal. Entre los tipos de bullying que existe se encuentran:
Físico, donde el o los agresores intimidan mediante daño o amenazas físicas a la víctima, lo golpean, lo empujan, lo lastiman y pueden ocasionarles daños severos.
Verbal, en este caso la persona agresora o los agresores se limitan a la humillación verbal, al escanio púbico y a la utilización de sobrenombres, insultos o conductas verbales ofensivas para con la víctima.
Social, en este caso el o los agresores aíslan del resto del grupo a la víctima, comentando su desprecio grupal o le impiden pertenecer al mismo.
De esta manera las agresiones derivadas del bullying buscan mantener el sometimiento sobre la otra persona para que ésta sienta una constante sensación de miedo o peligro como resultado de las burlas, acoso y agresiones recibidas. Esta violencia puede extenderse por meses e incluso años. Generalmente las víctimas del bullying suelen ser jóvenes solitarios, que posee pocos amigos o bien no los tienen, caracterizándose por ser retraídos. El bullying puede incentivar la expulsión social e incluso puede conducir al suicidio.
En el caso del moobing es importante destacar a Heinz Leymann, de la Universidad de Estocolmo, quien lo define como “una situación en la que una persona, o varias, ejercen una violencia psicológica extrema, de forma sistemática y recurrente, durante un tiempo prolongado, sobre otra u otras personas en el lugar de trabajo, con el fin de destruir sus redes de comunicación, destruir su reputación, perturbar el ejercicio de sus labores y conseguir su desmotivación laboral”.
Es muy complejo para los adultos comprender que en la actualidad este tipo de eventos ocurran en el seno de una organización o de una institución. Cuando se dan estos casos posiblemente la víctima piense conscientemente que se trata de sus actuaciones y estas permiten un rechazo, tanto del agresor como de los que forman parte del medio que tiene la víctima, pero esta condición solo está en la psiquis de la víctima y finalmente no depende de ella el rechazo del agresor o bien de los que lo siguen por temor a ser reprendido. En la mayoría de los casos la victima comienza por estar silenciada y esto determina en un gran porcentaje la acumulación de efectos negativos que se evidencian con la salud, estado de ánimo e incluso conducta que nunca antes vislumbró. Incluso la víctima no cree en sí misma y esto obliga a quedarse callado o callada porque considera que nadie creerá sus versiones. El agresor por lo general mantiene una imagen impecable que difícilmente denota el maltrato que realiza en el seno de la institución o de la organización.
Este suceso suele ocurrir en cualquier plano jerárquico de la organización o de la institución, presentándose diversos factores que son muy notorios, en este sentido como consecuencia de la alta frecuencia y larga duración de estas conductas hostiles que propician mayoritariamente los agresores, tal maltrato se traduce en un enorme suplicio psicológico, psicosomático y social para la víctima. La definición excluye los conflictos temporales y focaliza un punto en el tiempo donde la situación psicológica comienza a traducirse psiquiátrica o psicosomáticamente, en condiciones patógenas. En otras palabras, la distinción entre ‘conflicto’ y ‘psicoterror’ no se centra en qué se hace, o cómo se hace, sino en la duración de lo que se hace. Un ejemplo de ello puede traducirse en conductas como las siguientes: la no inclusión en procesos cotidianos de la actividad laboral con equipos de trabajo, exclusión de proyectos importantes en el marco de la organización o de la institución, pérdida de autoestima por falta de reconocimiento de los compañeros, aislamiento físico del resto de los compañeros, conductas reactivas por parte del agresor y de forma frecuente, anonimato de la víctima ante situaciones comunes , disminución y /o desmejoras en espacios físicos, ocultamiento de información que ha sido divulgada a tus compañeros de trabajo, el no reconocimiento en espacios públicos laborales, lenguaje corporal agresivo ante la presencia de la víctima, preferencias para el otorgamiento de premios a compañeros que no tienen igual merito que la víctima, impedir el uso del nombre de la víctima en documentos oficiales o importantes dentro de la organización o institución, mitigar lazos afectivos o trato por parte de los compañeros de trabajo persuadiéndolos a un trato de distancia hacia la victima … entre otros.
Lo más lamentable de ambos casos es que la víctima no encuentra la manera de explicarles a las personas que están cerca de él o ella de lo que está pasando. En cuanto a sus compañeros sea en el caso del bullyng o bien del moobing difícilmente alguien quiere involucrarse para evitar ser reprendido por el agresor. En cualquiera de los dos casos son reprochables estos eventos y deben ser repudiados por la comunidad donde se estén desarrollando.(O)