Hace aproximadamente 45 días estoy en una nueva casa… muchos pueden interpretar que he comprado una casa con las bondades que trae… pero NO… En el 2014 partí de mi casa en Venezuela para estar (al menos eso pensé yo) tan solo por un ano. Todos saben que la vida de los venezolanos cambio literalmente en un alto porcentaje.
No obstante, no dejo de reconocer que lo valorable – en mi caso- de esta experiencia es que me encuentro plena y muy bien. Por alguna extraña circunstancia hace dos años la vida cambio mi destino, aunque viví momentos intensos y sensibles como profesional y en lo personal, hoy reconozco que valió la pena.
He logrado comprender cada uno de los momentos que he vivido en carne propia y en situaciones de los demás, diría entonces, que en palabras de Jesús Adrián Romero lo que uno desarrolla en las páginas de un libro, un escrito es finalmente el resultado esculpido con mínimos detalles de un autor.
Recuerdo a mi padre en su condición de migrante en Venezuela, tuvo etapas difíciles, pero cosechó su legado a través de lo que el definía como su vida. Pensando las historias de las historias que puede uno memorizar hoy puedo asegurar que es elocuente el nivel de compasión que propulsa cada una de las líneas que he desarrollado bien o mal redactadas pero que he querido resguardar en la memoria de esta columna para no olvidarlas. En cada escrito que he propiciado en este espacio dejo mi alma entera.
Tener una casa nueva es el equivalente a decretar que inicio una vida nueva. La anterior casa quedo atrás porque en los últimos dos años estuve inmersa en cuestionamientos y trivialidades que envolvía un concepto de academia equivocado. Para mí la academia debe estar dispuesta a combatir las desigualdades, discriminación y en especial la xenofobia. La salida a una nueva casa me devolvió la juventud a mi asombro y reanimo mi interés en cosas que pensé había descuidado, allí agrupo hasta el suspiro de volver a sentirme MUJER.
Me siento plena al punto que imagino mi vida definitiva dedicada a una academia que esta entrelazada con el poder del amor en familia. Nadie tiene en la mano la verdad, pero muchas gentes tienen la secuencia, el ritmo de la renovación en la vida espiritual. Lo clásico en un cambio de estación es que la gente se prepare al compás de lo que esta orquestado para ese cambio, cada estación es un PLUS que determina una condición especial para vivirla, todos pasamos por distintas estaciones porque también nosotros necesitamos ritmo y secuencia para la renovación, en mi caso, me quede estacionada en un invierno que termino hace apenas un mes.
Por momentos creo que viví sumergida en un optimismo superficial donde me acomodaba al ritmo de lo que todos querían ver de mí. Fue como la estación del otoño, la cual es un tiempo de cambio, parecido a la primavera, pero al revés, las flores se secan y comienzan a morir, las hojas de los árboles se apergaminan y empiezan a caer, el viento sopla y la lluvia cae, los días son más cortos, el cielo se nubla y con la nuestra actitud también.
Tan solo mis tres grandes hermanos (Carlos, Luis, Mary) notaron que el invierno estaba dentro de mí en cada episodio indeseable que tuve que vivir por LA ACTUACION de aquellas personas que deseaban inconscientemente mi ausencia. No era posible ser invisible, mi único mal irreversible es mantenerme en mi tabla de salvación y más aún en mis ganas de superarme. A los ojos de muchos esto es inconcebible y a los ojos de otros esto es admirable. Actué como si estuviera en primavera aun cuando estaba atravesando el más crudo de los inviernos. No podía seguir en automático, como seres con alma y emoción; me sujete a la esperanza del cambio y aun con miedo por ese cambio, arriesgue todo lo que pude con tal de salvarme del invierno más duro que viví. Ahora siento que estoy viviendo una primavera autentica descubriendo la profundidad de respirar amor y trascender como lo he venido haciendo: edificando lo positivo.
Estoy en una familia que me acogió desde el primer día, sentí en Cecilia un apoyo incondicional aun sin saber el ser humano que estaba en sus manos. Pensé ese primer día de trabajo que estaba en un momento crucial en mi vida y había recibido la más pura confianza a través de una desconocida. Su parte profesional combinada con lo humano, hizo posible que renaciera como el ave Fénix, ella nunca sabrá como llegue ese día, estuve con un desencuentro conmigo misma, deje una familia de cinco años, y pasaba a una familia que hoy con gran placer puedo decir fue mi renacer. He vivido intensamente estos días, disfruto de los espacios, conocer nuevas personas, ver proyectos que no conocía y como si fuera poco, comprender que entre autoridades y cuerpo de académicos no existe diferencia para la academia. Esto es un PLUS.
Debo dejar constancia que mis ex/compañeros me han manifestado detrás de vestidores que lamentan mi salida abrupta, pero ellos no saben que yo lo lamente más. Ese último día fue como despedir al REY LEON cuando nos abandonó repentinamente. En mi caso no fue una despedida definitiva, pero llore como estar debajo del invierno, hoy me encamino al verano, pero con la emoción y el entusiasmo de la primavera que se extiende a lo largo de una nueva familia que tiene claro el concepto humano, su eslogan … estamos en constante movimiento… vislumbra un alcance que se pierde de vista. Enhorabuena mi deseo de crecer y mis ansias de evitar seguir en el autoengaño de una realidad desbastadora.(O)