Soy de la generación que creció viendo a  Tommy y Jerry, los Looney Tunes, Pokemon, los Power Rangers, el Chavo del 8, el show de Xuxa, Yuri y las películas de Disney. Hasta antes de la llegada del cable, teníamos que ajustarnos a la programación de cada canal sumado a  la suerte de tener el permiso de nuestros padres para ver televisión. Los episodios muchas de las veces eran repetidos y no seguían un orden especial; algo que no importaba del todo, con tal de disfrutar aquellos minutos cargados de aventuras, persecuciones y divertidas escenas. Al fin y al cabo, el tiempo frente al televisor era corto con relación a las horas dedicadas a los deberes y los juegos con los primos y los amigos del barrio.

A medida que crecimos, fuimos siendo testigos de cómo los efectos se hicieron más extraordinarios y las plataformas cada vez más accesibles, ya no solo en un televisor sino también en la pequeña pantalla de un teléfono. Esta adaptabilidad significó acceder a los programas desde cualquier parte y evidentemente por más tiempo. Los guiones cambiaron y la temática se fue haciendo más diversa según los gustos y necesidades de los distintos segmentos. El público infantil, no es la excepción,  para bien y para mal, los programas también han ido cambiando según las tendencias y los avances de la tecnología.

Hace pocos meses, la película de Buzz Lightyear fue razón de crítica y controversia, hasta el punto que fue prohibida su emisión en 14 países de Oriente Próximo y Asia. ¿La razón? Una escena, donde una pareja de mujeres se dan un beso por breves segundos. La polémica no se limitó a aquellas naciones donde existen códigos riguros de comportamiento e incluso está criminalizada la homosexualidad, sino que tambien fue razón de polémica en Estados Unidos, y varios países de de Latinoamerica, incluyendo Perú y Ecuador, donde se argumenta que dicha escena no es adecuada para el público infantil.

Lo más curioso es que ciertos sectores se escandalicen con una escena cuyo contexto real es la igualdad de derechos y el amor en sus distintas instancias. Tal polémica es señal preocupante de que aún existen grupos que motivan el odio y la crítica a todo aquello que no se encuentra en su concepción de “normal”. 
Si vamos a preocuparnos del tipo de contenido y su incidencia en los niños, hay que analizar la calidad de los programas actuales, incluso aquellos de antaño que son considerados como apropiados. Si hacemos una retrospectiva, los programas que vimos cuando niños también naturalizaron la violencia, el machismo y el acoso. El chavo del ocho era un adulto que personificaba un niño que  le pegaban  cada vez que cometía alguna travesura o decía algo desatinado. En el “Jorobado de Notre Dame” se encierra a Cuasimodo por su apariencia física y cuando tiene la oportunidad de salir se lo humilla y golpea públicamente. En Dumbo, el bebé elefante toma alcohol y tiene perturbadoras visiones, como producto de su estado de embriaguez. Ranma ½ muestra desnudos explícitos, mientras que en Dragon Ball, el maestro Roshi tiene una obsesión por la ropa interior de mujer hasta el punto que la colecciona…Todos estos programas y películas se transmitían en horario familiar.

Lo cierto es que no solo es tema del contenido sino también de valores y educación. Personalmente creo que hoy más que nunca debemos hacer énfasis en  la aceptación, la igualdad, el respeto y la honestidad; al fin y al cabo estos no difieren de raza y género sino que nos permiten ser una mejor sociedad.