La primaria, para mí fue una época que marcó en muchos aspectos personales. La tenacidad y cariño de la maestra, el respeto a la autoridad, los juegos y la camaradería, son algunos aspectos que caracterizaban aquel ambiente escolar. Soy de la generación de las loncheras; de los juegos de la liga, la soga y la rayuela; de los clásicos “Nacho”, “Patito lee” y “Tierra mía”; de los cuadernos de borrador y de limpio…
Claramente recuerdo que tenía un cuaderno de borrador; intencionalmente con suficientes hojas para escribir los temas que la maestra dictaba de corrido y llenarlo de borrones, tachones y manchas. Cada materia después sería transcrita pulcramente en azul y rojo a los cuadernos de limpio. Aquella era la rutina de todos los días: en la mañana anotar atropelladamente la materia y en la tarde pasar los cuadernos con calma y esmero. Si no se cumplía con aquel ritual, la materia se acumulaba y había el riesgo de sufrir malas noches cuando la maestra pedía inesperadamente el cuaderno para calificarlo.
Para evitar aquella angustia, siempre había algún astuto que optaba por hacer todo directo en el cuaderno de limpio. Escribía aceleradamente con una letra ilegible, manchaba con esfero las páginas y siempre tenía algún tachón cuando la profesora se equivocaba y pedía cambiar las palabras. ¿El resultado?, un desastre que generalmente tenía que ser repetido en casa duplicando así el esfuerzo, los recursos y el tiempo
Recordando aquellas épocas, asocié el ejemplo del cuaderno de borrador y limpio a lo que sucede en nuestra ciudad. Sin duda, las distintas obras ejecutadas en Latacunga como: la ampliación de vías, remodelación de parques, tala de árboles, pasos deprimidos, rompe velocidades y demás, deberían haber sido parte de un primer paso de planificación, algo así como un cuaderno de borrador, en el que se tomaran en cuenta los sectores involucrados, necesidades, riesgos, gastos y beneficios; que estuviera presto a modificaciones y cambios. Para que una vez realizadas las observaciones del caso, se concretaran óptimamente las obras, a las que yo llamo el cuaderno de limpio.
Por desgracia para la actual administración (al igual que anteriores), el tiempo corrió y deben entregar el deber. Como aquel malicioso e irresponsable estudiante, con premura y desorganización se han saltado del primer paso, dando como resultado obras faltas de coherencia y estética. Latacunga se ha convertido en el cuaderno borrador de las autoridades, sufriendo de manchones y errores; que son el recuerdo vivo del desacierto de nuestro voto. Se ha hecho normal que una vez culminados los trabajos, ante las observaciones y reclamos de la población; en altas horas de la noche se hagan las correcciones del caso con excusas que ni ellos mismo creen. Por resolver errores que pudieron ser evitados; se ha jugado con la paciencia de la gente; se ha puesto en juego la economía de los emprendimientos locales y se ha multiplicado el esfuerzo, los recursos y el tiempo.
Estamos a meses de nuevas elecciones y como el maestro de escuela de mi historia, es nuestra misión elegir esta vez por el más capaz. Alguien que siga el proceso, que planifique y que priorice las necesidades de cada sector, que con esmero y amor a la ciudad obre adecuadamente. Solo así evitaremos que Latacunga siga siendo el cuaderno borrador.(O)

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