Según el BP Statistical Review of World Energy 2021 la generación de energía mediante renovables en el mix energético mundial alcanzó un 12.5% en el 2020. La solar fotovoltaica (707 gigawatts instalados en 2020) y la eólica (732 gigawatts instalados en 2020) mantienen la delantera en capacidad instalada en el mundo. 

El proceso de descarbonización del sector energético dio inicio, pero enfrenta grandes retos, mucho de estos son de carácter económico y se destacan entre estos los costos de generación (costos de diferentes tipos de fuentes de energía para producir energía) y los costos de integración en el sistema eléctrico (costos adicionales para integrar diferentes fuentes de energía en el sistema para que la oferta satisfaga la demanda).

La parte operativa también tiene sus propios desafíos, la mayoría de las energías renovables instaladas actualmente son fuentes de energía variable como la solar y la eólica, estas fuentes requieren de nuevas estrategias e inversiones para equilibrar sus características fluctuantes, lo que socava los beneficios de la reducción de los costos de generación.

No se han generado los mejores escenarios para enfrentar el proceso actual de  transición energética en los países que apostaron mayoritariamente por una sola fuente de energía en el intento por asegurar la independencia energética, en estas naciones fue evidente comprobar que los precios finales de la energía terminaron siendo poco competitivos y no desincentivaron el consumo en el caso de los combustibles fósiles, además, en momentos de desplome del precio del barril (finales de 2014) las economías soportadas mayoritariamente por un solo tipo de energía les significó un período de crisis. En los países en los cuales el mix energético es diversificado se creó un mercado más competitivo en el que los costes energéticos se reducen y crea mejores condiciones para poner en marcha la transición energética.

La descarbonización es una tarea titánica y el Dr. Luca Ferrari -en su artículo Los Costos de la Transición Energética- deja un análisis que debe ser considerado para que este proceso de cambio sea efectivo, “Es evidente que la transición energética hacia las fuentes renovables va demasiado lenta, pero las razones de esta lentitud van mucho más allá de la obvia resistencia de la industria petrolera y del carbón. La razón principal está en los límites y costos de las fuentes renovables”.

El Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible (IISD por sus siglas en inglés) dice que el dinero público se gasta ‘mucho mejor’ para impulsar la transición de energía limpia que con los combustibles fósiles; este mensaje debería ser integrado las políticas públicas, pero sobre todo deberías ser ejecutado en la práctica.

Esta generación verá una transición energética, proceso que para nada es nuevo puesto que a lo largo de la historia ya sucedió en el pasado al pasar de la leña al carbón y del carbón al petróleo, por esa razón conviene reflexionar sobre las lecciones aprendidas en esas revoluciones.

La tecnología juega un papel preponderante en la evolución del mix energético y pasar por alto su impacto en la generación para nada sería recomendable y mucho menos en la tecnología que da soporte al sector productivo y transporte, que al final del día es el gran consumidor. Para una transición energética efectiva se deben considerar medidas que involucren a todos los actores de manera integral.

La reducción de costos energéticos no solo implica dar paso a más y mejores inversiones, sino que es necesario realizar un cambio de estrategias a nivel político generando directrices que se enfoquen en la reducción de impuestos y el direccionamiento de fondos públicos a la diversificación del mix energético y sobre todo a impulsar un sector industrial más eficiente.