El callejón interandino se adorna con montañas, nevados, páramos, bosques, quebradas, ríos y muchos elementos naturales que componen un entorno amigable con el ser humano y producen una sensación de sosiego y paz interior. La presencia del ser humano en estos maravillosos parajes ha contribuido, penosamente, a su deterioro y “gracias” al desarrollo tecnológico este se acelera con el paso del tiempo. Los valles han sido poblados, los páramos han sido destruidos, los montes deforestados, los ríos contaminados, los campos fértiles invadidos por la “civilización” y la calidad de vida del ser humano va en franco deterioro.

El valle de Latacunga está invadido por asentamientos humanos que, de manera desordenada, han ocupado las tierras que tienen otra vocación, y nunca podrán ser recuperadas. Los cuatro cantones colindantes, Latacunga, Salcedo, Pujilí y Saquisilí, obedecen a un solo conglomerado humano que con el pasar del tiempo, se están encontrando y en poco tiempo se fundirán en un solo territorio urbano, con muchas similitudes y problemas comunes.

La falta evidente de planificación ha logrado que tengamos una ocupación heterogénea, que no obedece a ningún estilo arquitectónico armónico, dejando en el pasado nuestra heredad cultural que incluye estilos, colores, formas, conceptos, que en su conjunto configuraban espacios diseñados para elevar el espíritu y la calidad de vida de sus otrora felices y apacibles habitantes, a pesar de la falta de recursos económicos, ahora mal utilizados, que han exterminado aquellas vivencias individuales que algunos añoramos.

La capacidad destructiva de ese ambiente rústico, con mucho sabor y calor de hogar, se ha complementado con la mala utilización de espacios, la construcción con infinidad de materiales inapropiados y el capricho de aprendices a creativos arquitectónicos, hasta lograr una incomprensible amalgama de fachadas de mal gusto, de la que nadie podría estar satisfecho. El bloque de cemento “crudo visto” se ha transformado en el sello del estilo imperante. Ni siquiera se lo adecenta cumpliendo con la disposición Municipal de enlucirlo. Con lo cual, el color dominante es el GRIS.

El daño está hecho. Pero debemos detener esta arremetida, para salvar nuestro entorno. Esto requiere un trabajo de planificación con visión de FUTURO, al menos a 25 años adelante. Ahí radica una de las más importantes responsabilidades de las autoridades Municipales, sin pérdida de tiempo. Es necesario proponer un modelo de desarrollo urbano, en la mayor extensión de la palabra, para que sobre esa línea se desarrollen los grandes proyectos para resolver los problemas que recaen en sus competencias exclusivas. Para lograrlo, es necesario que los habitantes hagamos conciencia de esta necesidad y dejemos de pedir pequeños favores parea resolver los micro problemas coyunturales, que contribuyen a desviar la atención de lo medular.

El clientelismo debe ser combatido con un trabajo serio, profundo y profesional que proponga una distinta calidad de convivencia, basada en la planificación de lo grande, mediano y pequeño, cada uno en su tiempo y espacio, que se convierta en la hoja de ruta a seguir en las siguientes administraciones. Recuperemos lo que podamos, preservemos lo que aún tenemos y construyamos con criterio. Declaremos la guerra a la invasión del espacio público, venga de donde venga. Protejamos nuestro espacio de convivencia. Desterremos lo ajeno y devolvamos lo propio a nuestro entorno. Unamos esfuerzos con nuestros vecinos para intervenir en nuestras calles, barrios, parques y espacios comunitarios. No descansemos hasta ver a nuestros hijos, felices en su propio espacio.

Latacunga tiene todos los elementos naturales, culturales y espaciales para convertirse en una ciudad donde vivir sea un “verdadero placer”. Lo tenemos en nuestras manos. Empecemos por cambiarle de color.

¡PONGAMOS UNA PINTA DE VERDE EN TODA NUESTRA CIUDAD!

Alberto Salvador

albertosalvador9@gmail.com

Agosto 22 de 2019        (O)