El tiempo queda corto, el 7 de febrero de 2021 tenemos que acudir a las urnas para elegir nuevo Presidente y Vicepresidente de la República, asambleístas nacionales, provinciales y representantes al Parlamento Andino. En este proceso tenemos nuevas formas de presentar a los candidatos de manera obligatoria, se instauró el debate de los candidatos organizado por el Consejo Nacional Electoral -CNE-. Previamente a este evento obligatorio para los candidatos, varias organizaciones de la sociedad civil han promovido  este tipo de ejercicio democrático, por medio del cual, quienes pretenden llegar al poder señalan sus ejes de gestión, los analizan, explican y contrastan con otros candidatos, teóricamente se beneficia el pueblo al que se le informa.

Los denominados debates realizados hasta este momento dejan resultados nada halagüeños y congoja por aquellos que eluden esta responsabilidad frente a los votantes, a los unos por la falta de calidad  de exposición y conocimiento de temas básicos y a los  que no se presentaron por la  cobardía de enfrentar a la opinión pública. A su vez, quienes ejercieron la calidad de conductores de estos eventos -debemos señalarlo con el mayor respeto- les quedó muy grande el reto,  algo mejoró en el debate de la Cámara de Comercio de Guayaquil. No sé si faltó experiencia o preparación para profundizar en temas de vital importancia para los votantes y por ende para el país en el debate realizado en Quito. Esperemos que en el denominado debate obligatorio a cargo del Consejo Nacional Electoral (CNE), a desarrollarse este fin de semana, se tomen como referencia todas las situaciones que se detectaron en los debates ya realizados, se les obligue a pronunciarse a los candidatos sobre temas estructurales básicos para el presente y futuro del país, en materia económica, de endeudamiento interno y externo, seguridad nacional, relaciones internacionales, relaciones laborales, seguridad social, salud, educación, vivienda.

En el país, se promocionó una revolución ciudadana, al término de 10 años  de su gestión los ecuatorianos pudimos conocer que habíamos sido timados, se había producido el mayor desfalco al erario nacional, razón por la cual hoy tenemos a un ex- Presidente prófugo de la justicia y un Vicepresidente preso, ministros, subsecretarios,  junto a funcionarios de alta jerarquía, enjuiciados, con sentencias de última instancia,  o simplemente procesados, muchos de candidatos en este proceso electoral, otros libres y paseándose en nuestras narices -como si no hubiese pasado nada-, algunos inclusive -care tucos- defendiendo el atraco y a los atracadores.

En resumen podríamos afirmar que el correísmo ha sido para el Ecuador peor que la pandemia SARS-Covid 19, pensamos que ya pasó y no es así, se están presentando como nuevas cepas (familias del virus). Les invito a que revisen las listas de candidatos de los partidos y movimientos políticos de alquiler y encontrarán participando en el evento electoral del 7 de febrero de 2021 a miembros activos del correísmo, muchos de ellos aparecen asintomáticos y hasta niegan ser parte del desastre nacional y de la revolución ciudadana, descaradamente, ofreciendo resolver los graves problemas del país -causados por sus líderes-, hechos que se agudizaron en la denominada  época robada, por el grupillo que hoy vive fuera del país. Por eso es que pedimos que vayan a votar el 7 de febrero sin olvidar la cédula; pero  fundamentalmente, sin olvidar lo vivido en estos largos  14 años de pesadumbre y aflicción  en los que hemos convivido con estos embusteros y embaucadores.

Quienes lleguen a las primeras magistraturas del país -aun sin pasar satisfactoriamente el debate- o al Parlamento Nacional, tienen enormes responsabilidades que cumplir; vivimos en un país al borde de la quiebra, en donde se requiere de un profundo acuerdo nacional para tratar de salir de esta crisis, con el menor castigo a los más pobres. El debate así planteado entre tantos candidatos no es debate, pero, por lo menos escuchemos sus planteamientos y no estemos atentos solamente a sus equivocaciones, sino al contenido íntegro y al fondo de sus propuestas-. Debatamos en nuestras casas, con nuestros hijos, padres, hermanos, en el barrio con nuestros vecinos, en cualquier sitio donde podamos hacerlo, pero por Dios no desperdiciemos nuestra herramienta democrática -el voto- y después nos quejamos.(O)