El 6 de Junio de 1944, conocido como DIA-D, liderados por el General americano Dwight Eisenhower, las tropas aliadas ejecutaron la orden de invasión y desembarcaron en las costas francesas, fuertemente resguardadas, para enfrentar la Alemania Nazi en las playas de Normandía. Más de 160.000 soldados, respaldados por 5.000 barcos y 13.000 aeronaves, lograron poner un pie en Europa Continental. Los más de 9.000 muertos y heridos, abrieron paso para 100.000 soldados que, lentamente y con enorme sacrificio, cruzaron Europa para finalmente doblegar a las tropas de Adolf Hitler.
Al conmemorar 75 años de este episodio victorioso, que fuera el inicio del final de la Segunda Guerra Mundial, es un deber moral de la sociedad, recordar a los valerosos soldados desconocidos que ofrendaron su vida para salvar al MUNDO del tirano que pretendía instaurar el TERCER REICH alemán en Europa, y seguramente dominar el globo terrestre.
La Segunda Guerra Mundial (1939–1945) involucró a todas las naciones, excepto nueve Estados que se declararon neutrales. Las grandes potencias se dividieron entre los ALIADOS y las POTENCIAS DEL EJE. La mayor contienda bélica de la historia movilizó a más de 100 millones de militares y concentró toda la capacidad económica, militar y científica al servicio bélico. Entre los enormes daños que causó a la humanidad, destacan el HOLOCAUSTO, el uso de armas nucleares en Hiroshima y Nagasaki, el bombardeo de ciudades enteras y la muerte de alrededor de 2,5% de la población mundial.
Las pretensiones de fundar el Tercer Reich dieron inicio al conflicto bélico, con la invasión alemana a Polonia, lo que motivó la declaratoria de guerra de Francia, unida a los países del Imperio Británico y la Commonwealth, contra los invasores. La Unión Soviética, inicialmente declarada neutra, intervino finalmente contra Hitler cuando en 1941 empezaron a invadir su territorio. En Europa, la guerra terminó con la captura de Berlín por tropas soviéticas y polacas, logrando la rendición incondicional alemana el 8 de mayo de 1945. En Asia terminó el 15 de Agosto de 1945 con la rendición incondicional de Japón, luego del bombardeo atómico.
Setenta y cinco años más tarde del desembarco de Normandía, al conmemorar el DIA “D” es imperativo, para cuidar nuestra salud política, rememorar los tristes episodios que vivió el mundo, y reconocer el sacrificio ofrendado por esos miles de soldados, muchos de los cuales perdieron la vida, para detener el más grande atentado contra la humanidad, de nuestros tiempos. Gracias a ellos, el mundo pudo reconciliarse, a pesar de secuelas como la GUERRA FRIA entre la Unión Soviética y Estado Unidos de América, para retomar el rumbo del progreso, el adelanto tecnológico y la convivencia pacífica, que nos ha llevado al nivel de vida que carecieron los países invadidos y aliados, mientras duró la guerra.
No es posible rememorar la historia sin dar el justo lugar a las tropas de Estados Unidos de América, que cruzaron el Atlántico para librar una guerra que “no era suya” sumándose a los ejércitos aliados, que probablemente no hubieran sido exitosos sin su ayuda invalorable con equipo militar, tecnología, recursos económicos y la sangre que derramaron jóvenes valientes que escribieron miles de páginas de honor en suelo europeo. Igualmente, debemos recordar de forma reverente la memoria de los millones de seres humanos inocentes, que sufrieron y en muchos casos perdieron la vida. Rendir justo homenaje a quienes supieron levantarse para reconstruir la devastada Europa, que guarda silenciosa los testimonios de la peor guerra que enfrentó el mundo, y Dios quiera nunca jamás vuelva a ocurrir nada que se asemeje. Todavía se escucha el eco del grito, aquel 15 de agosto de 1945 ¡SE ACABÓ LA GUERRA!(O)