Un buen porcentaje de mi familia, incluyendo mi madre, son maestros en varias instituciones educativas… Desde niña he visto de cerca las alegrías que implica su profesión, pero también la ingratitud, las incoherencias e injusticias del sistema público.

Es evidente que los maestros cumplen un rol importante en el aprendizaje de niños y adolescentes; de hecho, en naciones como Singapur, Finlandia y Corea del Sur, la docencia tiene estatus, los maestros son bien remunerados y reciben constante formación profesional por parte del Estado. En Finlandia, por ejemplo, los programas de formación de docencia son tan selectivos que se admite a uno de cada diez estudiantes que postulan, por lo que ser maestro implica un honor.

Un panorama tristemente contrario sucede en Ecuador donde el ser maestro resulta una profesión desvalorizada y mal pagada. Por si fuera poco, la llegada del covid empeoró la realidad de los docentes y hoy sus retos se han convertido en un calvario, mientras la incoherencia y burocracia del Ministerio de Educación se mantienen. Y es que nadie estaba preparado para un evento de esta magnitud, quizá las naciones mayormente digitalizadas han podido sobrellevar mejor la situación, pero en el caso puntual de Ecuador, donde estábamos todavía acostumbrados a los trámites y procesos presenciales, la modalidad online resulta un nuevo desafío.

Es evidente que la educación online en tiempos de pandemia implica grandes dificultades para profesores, alumnos y padres de familia, pero dado el título de este artículo y la experiencia de cercanos, haré énfasis en las adversidades del primer grupo. Para empezar, solo un 37.2% de los hogares tienen acceso a Internet, por lo que cientos de profesores y alumnos no pueden acceder a este servicio. ¿Cómo entonces se puede hablar de clases online?

A ello se suma la falta de cultura digital. Es necesario reconocer que algunos maestros no cuentan con las herramientas y por sobre todo los conocimientos. No significa que sean malos maestros, sino que toda su vida han enseñado en la modalidad presencial, por lo que aprender a usar las nuevas plataformas digitales puede resultar un difícil reto, algo que muy pocos administrativos, padres y alumnos comprenden, ni mucho menos tienen paciencia.

Con esta nueva modalidad de educación las responsabilidades de un profesor no solo implican la planificación y ejecución de clases, sino también una infinidad de informes y documentos extra que deben ser ingresados casi diariamente como parte de las exigencias del Ministerio. Entre clases y tanta documentación, las horas de trabajo de un profesor rebasan el horario habitual hasta altas horas de la noche. Y es en este punto donde conviene reconocer y tomar conciencia que muchos de los profesores también tienen un hogar y son padres de familia, por lo que su apretado horario debe ser repartido no solo en su trabajo sino también en las tareas de la casa y en acompañar en los deberes de sus propios hijos.

Lo más dramático e irónico en esta historia es que a pesar de que los profesores invierten su tiempo, esfuerzo e incluso dinero para adquirir el material didáctico, les bajaron el sueldo y no les pagan a tiempo, mientras que las exigencias, los reclamos, las amenazas y las críticas se mantienen.  

Sin duda, la pandemia ha representado grandes retos y dificultades para todos los profesionales y quizá la docencia sea uno de los sectores más afectados. Nos invita a ser más empáticos y comprensivos, porque cada profesor hace lo mejor que puede con lo que tiene a su alcance. Esto nos lleva a reflexionar sobre cómo funciona nuestro país, donde tristemente más reconocimiento, apoyo y respeto tiene un futbolista que un profesor, y claramente la educación todavía no es una prioridad. Recordemos que todo ingeniero, abogado, médico, alto cargo, político y religioso adquirió sus primeros conocimientos gracias a un profesor. Resulta irónico que aquellos mismos personajes administrativos y políticos, sean los que impulsan reformas ridículas e incoherentes en la educación y no reconozcan el papel fundamental de un profesor en la sociedad.(O)