El voraz apetito por la energía pone a prueba la imaginación de científicos, gobiernos e ingenieros, las últimas dos décadas son testigo de un crecimiento sin precedentes en el campo de las renovables, sobre todo la eólica y la solar fotovoltaica.

Según el informe Ten Years of Progress de la ONU dentro de su programa REN21 (Renewable Energy Policy Network for the 21th Century), expone las tendencias de producción energética en una década, pero lo que llama la atención es cómo una década atrás el liderazgo europeo, que en 2004 suponía el 50% de la inversión a nivel mundial con 19 600 millones de dólares, para 2013 fue superado ampliamente por China, que invirtió 56 300 millones, destronando así a un viejo líder pero también haciendo notar una descomunal inversión que al final del día se traduciría en la explotación insaciable de elementos muy poco conocidos para nosotros.

Estamos dando los primeros pasos hacia una transición energética y queda mucho por hacer, sin embargo, no se debería centrar la apuesta en una sola fuente de energía, porque la historia revela los inconvenientes que esto puede provocar en la economía, la sociedad y en el medio ambiente.

Tal como lo menciono las energías renovables también tienen un talón de Aquiles, un factor negativo que es menos visible por ahora, menos impactante y muy poco comentado, pero a mediano plazo podría ser una limitante.

El desarrollo de las energías renovables se basa en algunos elementos químicos que por su consumo actual en el sector tecnológico se han convertido en críticos, se los llama críticos porque es un grupo reducido de elementos de gran importancia económica, esta importancia radica en que su oferta está en pocos países y esto puede afectar la cadena de suministro. 

Se convierten en críticos por su escasez en la corteza terrestre, su dificultad de ser extraídos como metales primarios, su concentración geográfica y lastimosamente la realidad geopolítica de la ubicación de los yacimientos, puesto que algunos están en regiones inestables políticamente, como en la República Democrática del Congo; para concluir esta primera parte estos elementos son la base de los paneles solares, la electro movilidad y las turbinas eólicas.

Las renovables están en franca competencia con otro sector que no deja de crecer de manera exponencial y que por las facilidades y comodidades que nos brinda difícilmente va a disminuir, estoy hablando de  todas las nuevas aplicaciones tecnológicas que será con quien encuentre rivalidad a la hora de ganar espacio por consumir los elementos críticos, lo que puede provocar un crecimiento exponencial de los costos de las materias primas.

Fuimos dependientes de la leña, el carbón, el petróleo y ahora del litio, el cobalto, el galio, tantalio y las llamadas tierras raras (neodimio, europio); para tener una idea de los escasos que pueden ser estos elementos en la Tierra el Green European Journal nos deja una explicación muy clara, en promedio existe 1200 veces menos neodimio y hasta 2650 veces menos galio que hierro. Sin embargo, las propiedades de estos metales los convierten -al igual que ocurrió con el carbón en el siglo XIX y el petróleo en el XX- en recursos indispensables para la transición energética.

La refinación de los metales raros cuenta además su propia historia de afectación climática por las grandes cantidades de territorio que deben ser explotadas para tener una pequeña cantidad de estos compuestos, pero el Green European Journal una vez más deja datos reveladores al contarnos que para purificar una tonelada de tierras raras se necesitan 200 metros cúbicos de agua y que en el proceso, esta agua se contamina con metales pesados acabando, sin tratar, en ríos, suelos y acuíferos.

En definitiva todos estos materiales forman parte de la lista de 52 elementos con mayor riesgo de escasez elaborada por el British Geological Survey y existe el potencial riesgo de que la escasez de ellos pueda comprometer el futuro del desarrollo sostenible de las naciones.

Una vez más haré hincapié de que un mix energético diversificado es la mejor solución hacia el proceso de transición energética, para no centrar la economía en un solo modelo energético.