El fenómeno que está ocurriendo al interior del Consejo de Participación Ciudadana Control Social de Transición, resaltará históricamente por sus ejecutorías más allá de sus integrantes, o de las condiciones en las cuales fue creado, teniendo notoriedad más alta que las otras funciones del Estado, incluso las del Ejecutivo que se ha quedado tibio en sus decisiones, o en su defecto el legislativo, cuya categoría moral no alcanza a la encarnada por un solo nombre como es el de Julio César Trujillo.
Hablar de aquel personaje para quienes hemos tenido la gran oportunidad de ser sus alumnos en las aulas universitarias, o de haber seguido su compromiso profesional con el sector indígena y laboral, resulta un orgullo constatar que muy pocas veces puede vislumbrarse un ser humano coherente entre sus decisiones y su forma de ser, entre lo moral lo ético y su denodado esfuerzo en lo jurídico; entre la humildad, decencia y su estilo de vida, austera y comprometida.
Sus enseñanzas combinaban con su caminar prudente y sus amplias reflexiones que además han sido críticas, las mismas que emplazaban al auditorio a seguir el pragmatismo del Derecho Constitucional, pero desde una óptica dirigida a la protección de los Derechos Humanos y la convivencia social, así como a realizar comparaciones históricas que tenía una dosis de burla y las enseñanzas aprendidas.
Su entrega al campo laboral no solo se ha circunscrito al aspecto teórico desde la academia, sino en el ejercicio de su profesión, desde su oficina sencilla, decente donde como clientes no se encontraban las grandes empresas, sino trabajadores humildes que acudían a su despacho a pedir defensa técnica y a veces gratuita.
Cuando se lo escucha en sus entrevistas podría uno pensar como ya lo han advertido varios de sus contradictores, que debe ser más limitado en sus juicios de valor, pero para quienes le conocemos, es su forma de ser, frontal sin limitaciones, sinceras en sus expresiones; eso desde ya le otorga una categoría que no la tiene cualquiera: la sabiduría.
Quedará para la historia cuando al Presidente del Consejo de la Judicatura en una rueda de prensa, manifestó que no habría espacio para “ una caterva de cómplices”, refiriéndose a las ejecutorias de dicho organismo y los concursos de méritos de oposición; esa forma directa sin rodeos le permite ubicarse como un servidor público comprometido y sin compromisos, aunque entre Julio César Trujillo y el aludido, le hayan unido la estancia académica en la Universidad Católica y la Andina “Simón Bolívar”, ya que para el combate contra la corrupción no hay espacio para el espíritu de cuerpo o la afinidad de intereses.
Ante las amenazas responde de forma categórica con un mensaje claro, “que hagan o digan lo que quieren” ya que es fiel al mandato popular, que es la evaluación de los principales funcionarios públicos y la designación de personas honestas y con el compromiso de servicio, más no de obedientes y sumisos como fue la tónica de esta década y otras, también.
Es patético como se aferran a los cargos y hasta intentan frenar el accionar de este Consejo, mediando amenazas de juicios nacionales e internacionales; creo que es lo mejor ante un cuestionamiento público, marcharse sin hacer bulla y pasar al costado del olvido y la vergüenza, porque en sus funciones se convirtieron en apéndices del Poder y recaderos de la tiranía.
Ahora sí, desde la Asamblea Nacional nace la preocupación de la limitación de la labor del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, accionar que lo único que hace es reflejar la desfachatez de esta instancia, que fue la que posesionó y eligió a esta entidad, y que hasta hace poco se la jugaba por el pueblo y el cambio necesario.
Aparece por ahora el dinamismo de las acciones de protección y los jueces domesticados que ligeramente otorgan las medidas cautelares, para impedir la lucha contra la corrupción; para estos casos no hay “error inexcusable” ni tampoco sanciones de suspensión de funciones, ahora sí “Viva la Constitución”; claro estas decisiones les favorece a quienes se han enquistado en las instancias contaminadas.
Hoy por hoy, hablan de “Dictadura”, quienes deberían callar por siempre porque su Mandato ha quedado al descubierto corrupción, ensañamiento y mentira; ya que la estatura moral es inalcanzable para quien por ahora preside el Consejo de Transición.
Así como varias voces requerían de carácter para un país con necesidad de Autoridad y firmeza, los pasos que está dando este organismo de transición será respaldado por un pueblo ávido de Democracia y respeto a los Derechos Humanos, donde más allá de la legalidad exista legitimidad, como lo viene haciendo Julio César Trujillo, quien no es un aventurado o desconocedor; sus acciones de reintegro a la sensatez y a la justicia son visibles, lo que genera evidentemente temor y miedo a los sumisos.
Las últimas designaciones así lo demuestran, encargando principales funciones, que serán eminentemente de transición, a personas comprometidas con la lucha anticorrupción y los Derechos Humanos, que no son obedientes al Poder, sino que se han forjado en una lucha constante.
Este tipo de ecuatorianos deberían ser eternos o reproducirse por miles, lastimosamente hay uno y mientras haya vida, el respaldo y el compromiso de quienes fuimos sus discípulos y creemos en un Ecuador diferente.(O)

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