Transcurría el viaje al trabajo en un medio de un transporte común, las primeras palabras fueron de un joven mayor de edad con un vocabulario muy agresivo y vulgar contra un ladrón de su celular, claro está que fue provocado por el momento, y que se lo podría pasar por alto; pero lo que preocupa es que son palabras comunes que se escuchan haya o no asaltos. Más tarde en el mismo día haciendo fila para un pago, un hombre se pasó la fila, obviamente fue insultado a grito pelado por las personas que esperaban su turno. No falta en el trabajo gente que ya tiene entre su vocabulario habitual malas palabras y no ven nada de malo en soltar sus groserías y vulgaridades.
Es acaso que uno tiene que volverse conformista con este tipo de vocabulario que escuchamos a diario, palabras soeces, que afectan al buen convivir de la gente que todavía tiene esperanza de vivir tranquilamente en un país culto.
Nos deberíamos preguntar, qué hacer para que este mal comportamiento se detenga o por lo menos se controle. ¡Hace falta mayor control desde los hogares? ¿Hace falta mayor control en las escuelas?, o debemos conformarnos con vivir en un Ecuador donde para un porcentaje muy alto de chicos al menos el cincuenta por ciento de sus palabras no son adecuadas y lo dicen como si recitaran poemas.
Las chicas y chicos de hoy se saludan con palabras grotescas, ya no hay ese respeto, esa consideración, es más, ellos piensan y están convencidos de que es lo normal y lo de moda.
Pensemos por un instante en una sociedad un poco más civilizada donde el saludar y responder el saludo sea lo primordial para empezar el día con calma y ánimo. La buena educación y respeto a los demás no han pasado de moda.
Inculquemos a nuestros jóvenes a tratarse con respeto, empezando por los niños pequeños. Hoy los programas de televisión son llenos de palabras vulgares, busquemos programas entretenidos y educativos para los pequeños. En casa que la comunicación sea fructífera con diversos temas interesantes para ellos. Así podremos ver el crecimiento de nuestros niños en una sociedad más culta y que sean merecedores de un futuro más prometedor.
No permitamos que las malas palabras y conductas descorteses sean el pan de cada día; en nosotros está el poder hacer la diferencia.(O)