El mar ha sido en la historia de la humanidad algo grandioso, un lugar  lleno de vida, lleno de esfuerzo, dinamismo y progreso, ha sido la admiración del ser humano por muchos años, como también ha sido un lugar lleno de misterio y de temor.

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Con el paso de los años el hombre comenzó a conocer el mar, sus corrientes marinas, sus formas de vida, aprendió que la comunicación estaba en el mar a través de las embarcaciones, desde las más elementales hasta los trasatlánticos de la  actualidad.

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El mar -siendo tan antiguo como la humanidad- fue misterio y reto para los hombres que vivían en sus orillas. Los habitantes  cerca del mar se inquietaron porque no sabían cómo surcarlo y reflexionaron hasta lograr construir embarcaciones, lanzándose al mar para luego descubrir otras regiones, otras personas, otras manifestaciones.

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Para luego descubrir otras culturas y  afirmar las relaciones comerciales. Griegos y fenicios, impetuosos navegantes, configuraron los perfiles de otras regiones y encontraron otras realidades para ampliar sus actividades y conocer más de este mundo.

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Con la conquista  de América comienza una nueva era, tanto por el adelanto de las ciencias marítimas y geográficas, cuanto por la construcción de embarcaciones más seguras, la intrepidez y los anhelos de superar el miedo a lo desconocido, perfeccionaron la inteligencia y la voluntad y, el mar, se transformó en ruta y camino para la comunicación y el comercio.

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Los aspectos jurídicos del mar han sido discutidos y estudiados desde la antigüedad, pero los derechos del mar -generados a través de normas básicas y que trascienden en instrumentos multilaterales de alcance mundial- son recientes.

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Por estas y otras consideraciones el presidente Galo Plaza Lasso suscribió un documento en 1952 por el cual todos los años  -el 18 de agosto- se celebrará el Día del Pacífico Sur, para recordar los principios que inspiraron la Declaración de Santiago a fin de defender la soberanía y jurisdicción que a cada pueblo corresponde en el mar adyacente y sus costas hasta un límite de 200 millas.

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La Declaración de Santiago firmada por los gobiernos de Chile, Perú y Ecuador el 18 de agosto  en 1952 determinó las jurisdicciones de los estados ribereños sobre una faja de 200 millas marinas, contadas desde las costas correspondientes. Declaración a la que se opuso Estados Unidos.

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La declaración de Santiago sostiene “Los factores geológicos y biológicos que condicionan la existencia, conservación y desarrollo de la fauna y la flora marítimas en las aguas que bañan las costas de los países declarantes, hacen que la  antigua extensión del mar territorial sea insuficiente para el aprovechamiento de esas riquezas a las que tienen derecho los países costeros”.

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La declaración dice que “Los  gobiernos de Chile, Ecuador y Perú proclaman como norma de su política internacional marítima de soberanía y jurisdicción exclusivas que a cada uno de  ellos corresponde sobre el mar que baña las costas de sus respectivos países hasta una distancia máxima de 200 millas marinas desde las respectivas costas”.

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Esta declaración, principios, filosofía y objetivos se fue ampliando y en diversos conferencias, foros y demás eventos, la mayoría de países se ha ido uniendo a este propósito que ahora mismo es mayoritario en diversas regiones.

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Ahora que existe la real amenaza de una gran flota de pequeros chinos que se encuentran cerca del límite de las  aguas territoriales de Galápagos es importante acudir a las organizaciones internacionales para evitar problemas mayores y la depredación se especies endémicas de esta región y además evitar que se saquee la riqueza marina del Ecuador.(O)