Corría el año 2012, cuando el gobierno de turno -en medio de la euforia causada por los precios del petróleo, históricamente los más altos de la historia- repartía ofrecimientos por doquier, sin decirle NO a nadie. Todo escaseaba, menos los recursos financieros, gracias al boom económico, que al mismo tiempo abría líneas de crédito, considerando nuestra capacidad de pago. En ese entorno de generosidad, se escuchó hablar de un proyecto multipropósito que podía captar las aguas del río Chalupas que descienden por la cordillera central hacia el caudaloso Napo, sin que sean utilizadas debido a la ausencia de población en esas estribaciones.

Ningún obstáculo se interpuso para contratar los respectivos estudios de pre factibilidad, factibilidad y diseños definitivos por más de US$6 millones. La contratista invitada y adjudicada fue la Empresa Gestión Integral del Agua de Huelva, S.A. (GIAHSA). Afortunadamente, se completaron los estudios contratados y pasaron al área de añejamiento, hasta que alguna autoridad con capacidad decisoria se interese en darle el uso apropiado. Debimos esperar hasta que el vicepresidente en funciones, Jorge Glas, con ocasión de una corta visita a esta olvidada Tierra, esputó: “No es viable; la tasa interna de retorno es muy baja; tenemos proyectos con tasas mucho más altas”. ¡Proyecto archivado!

Llegado el fatídico agosto 2015, el majestuoso volcán del que tomamos el nombre, decidió enviarnos “mensajes de humo como prueba de sobrevivencia” que no fueron desaprovechados por las “mentes lúcidas” del poder central que, utilizando sin resquemor alguno el “estado de excepción”, ordenaron la evacuación de las riberas del río Cutuchi. La mera alerta que despertó el coloso, evidenció que nuestra población no estaba preparada para afrontar una posible erupción.

Varios estudios se sucedieron, especialmente por parte del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional, que permitieron evidenciar los riesgos que afrontamos. Uno especialmente importante se relaciona con el agua de riego, pues los canales principales se originan en las nieves eternas, que año tras año se reducen, con bocatomas en alto riesgo de destrucción ante un evento volcánico, cuya reparación podría no ser factible mientras dure la misma. Este riesgo hace imperativa la búsqueda de fuentes hídricas alternativas para suplir las necesidades de agua para riego e incluso para consumo humano.

Esta recomendación técnica “eleva” la cuestionada tasa interna de retorno, pues el beneficio social sería evidente y lo torna en “imprescindible” al proyecto Chalupas, que le corresponde al Gobierno Nacional, para proteger la zona amenazada. Sin embargo, los intereses políticos apuntaban a derrochar recursos en obras más visibles, ejecutables en el corto plazo que quedaba, y Chalupas siguió durmiendo el suelo de los justos.

La celebración del BICENTENARIO nos brindó la oportunidad de tener visita del señor presidente Lenin Moreno por unas horas, en la emblemática hacienda obraje  Tilipulo. Acertadamente, el Burgomaestre latacungueño Byron Cárdenas planteó al primer mandatario la ejecución de este maravilloso proyecto, que es financiable mediante alianza público privada en una parte, y con empréstitos a largo plazo otra parte.

El proyecto incluye dotación de agua para riego a 19 000 hectáreas en los cantones Latacunga, Saquisilí y Pujilí; provisión de agua potable para 65 000 personas; generación de 38 MW de energía eléctrica; fuentes de empleo directas por cuatro años e indirectas de empleo sostenible; y dinamización del agro. Se trata de un MEGA proyecto que reactivaría la economía provincial sin dependencia del Gobierno Central.

Este gran proyecto amerita la unión férrea de todos los cotopaxenses para conseguir la atención de las autoridades competentes y hacer realidad este sueño que ha estado “en trámite” por al menos ocho largos años.

¡Cerremos filas sin banderías políticas!(O)