Sufragio femenino en Ecuador
Hasta 1884, ninguna de las Constituciones de Ecuador hacía referencia al género de las personas al establecer los requisitos para gozar de los derechos de ciudadanía, aunque no existieron casos de mujeres que intentaran votar. La Constitución de 1884 fue la primera en introducir una limitación en cuanto al género de la persona, estableciendo que gozaban de derechos de ciudadanía sólo “los varones que sepan leer y escribir y hayan cumplido 21 años o sean o hubieren sido casados”. La inclusión de la restricción nació del debate mismo sobre la posibilidad de que las mujeres intentaran ejercer el voto, con la mayoría conservadora en la Asamblea imponiendo su posición.
La Constitución de 1897, elaborada por una Asamblea marcadamente liberal, retiró toda referencia al género en lo que respecta al acceso a la ciudadanía, además de haber puesto énfasis en mejorar la condición de las mujeres en la sociedad. El diario de debates de la Asamblea incluye la siguiente anotación, fechada 3 de junio de 1897: “En los primeros días de la convención se ha hecho mucho por mejorar la condición de la mujer al habérsele concedido derechos de ciudadanía, quedando en aptitud de ejercer cualquier cargo público, inclusive el de ministro de estado”. Sin embargo, aunque en teoría las mujeres contaban con todos los derechos de ciudadanía, era comúnmente aceptado en la época que su ejercicio podía ser restringido en el ámbito electoral
Matilde Hidalgo
Durante la etapa de empadronamiento para las elecciones legislativas de 1924, Matilde Hidalgo, quien era conocida por haber sido la primera mujer ecuatoriana en haber completado sus estudios secundarios y la primera médica (graduada en 1921 en la Universidad Central del Ecuador), intentó inscribirse en la ciudad de Machala para votar en las elecciones, pero los funcionarios encargados lo impidieron por su condición de mujer2
Hidalgo realizó una solicitud formal y usó como argumento el texto de la Constitución de 1897, que no contenía restricciones en cuanto a género para gozar de derechos de ciudadanía. Su solicitud fue elevada hasta el Consejo de Estado,2 que finalmente le dio la razón y le permitió votar en las elecciones del 10 de mayo de 1924,6 lo que la convirtió en la primera mujer de América Latina que pudo votar en una elección nacional.4
El Consejo de Estado ofreció tres tipos de argumentos para aceptar la solicitud de Hidalgo: de tipo legal, social y moral. En el aspecto legal señaló el texto de la Constitución de 1897, aseverando que en el mismo no existía distinción de género para definir la ciudadanía. En el ámbito social recalcó la posición de las mujeres como parte de la sociedad y la posibilidad que les otorgaba la ley en casos puntuales de ser las guardianas del patrimonio familiar. Los argumentos morales se basaron en la opinión del Consejo de que el permitir votar a las mujeres elevaría el espíritu público del país y que tal vez se desempeñarían mejor que los hombres en las obligaciones cívicas.
El hecho fue recogido en la primera plana de la edición del 5 de mayo de 1924 del diario guayaquileño El Universo, donde se exaltó la trayectoria de Hidalgo y se la calificó como “una de nuestras cumbres más elevadas en la cordillera de la mentalidad femenina del Ecuador”.2 Diario El Telégrafo también apoyó la decisión del Consejo de Estado, aunque otros editorialistas de El Universo se mostraron en contra del sufragio femenino. En Quito, el diario El Día se mostró a favor del dictamen, mientras que El Comercio se mostró en contra.
La mayoría de editoriales con voces opuestas al voto femenino basaron su posición aseverando que las mujeres “no estaban preparadas” para ejercer el voto, o que no debían mezclarse en la política pues “el hogar perdería su rumbo y se corrompería”. También abundaron mensajes de intención jocosa en que se mencionaba a hombres encargados del hogar por la ausencia de sus esposas.

Hasta la próxima parada, donde me deje el Tren Bala.(O)

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