La Organización Internacional del Trabajo OIT, está celebrando sus primeros CIEN años de existencia. Al hacerlo, hace recomendaciones basadas en su presencia en 187 países miembros. Su misión es fomentar el diálogo entre gobiernos, empleadores y trabajadores, para “establecer las normas del trabajo, formular políticas y elaborar programas promoviendo el trabajo decente de todos, mujeres y hombres.”
Esta voz autorizada debe guiarnos para comprender EL TRABAJO DEL FUTURO y el FUTURO DEL TRABAJO en este mundo que evoluciona rápidamente. Nos alerta sobre la necesidad de hacer cambios profundos. Las cifras de seres humanos en la desocupación son escalofriantes. La informalidad refleja la falta de empleo pleno. La desigualdad de género en oportunidades y remuneraciones por igual trabajo, es evidente. Por otro lado, la demanda de trabajo en la forma en que ha sido usual, está cambiando rápidamente y amenaza con reducir considerablemente la ocupación, aunque se demandarán otro tipo de servicios y capacidades.
La CUARTA revolución industrial está aquí de mano de la informática, y los cambios están invadiendo la habitualidad, mucho más rápido de lo que podemos imaginar. Si bien los cambios serán más visibles en los países avanzados, los pequeños países que vamos a la zaga no escaparemos de recibir sus coletazos, con desafíos y oportunidades. El empleo en los países europeos se orienta mayoritariamente hacia servicios (65%) y va en descenso en la industria y la agricultura. Por lo que, tanto las nuevas generaciones, como las que vienen dedicando su vida a labores “tradicionales”, deben APRENDER A APRENDER nuevos oficios que demandará el mundo cambiante. La formación debe ser PERMANENTE y no termina al recibir un diploma que acredita una experticia.
Todos los países del mundo deben buscar solucionar la informalidad y el desempleo, para que sus economías sean viables y sostenibles. Para lograrlo, deben apostarle a la educación y capacitación permanente, en todos los niveles de actividad de sus habitantes. Los reducidos salarios no pueden resolverse con incrementos ordenados por autoridad competente, sin ser acompañados de una estrategia para elevar la productividad y competitividad, que permita abrir espacios en los mercados mundiales y protegerse de la importación de productos de bajo precio.
Otra alerta de la OIT apunta hacia el desaprovechamiento del recurso femenino, pues en Latinoamérica el 60% de los egresados de tercer nivel son mujeres, cuya presencia en niveles directivos, ejecutivos y de trabajadores en general, lamentablemente no refleja este potencial. La discriminación de género no se ha superado, conculcando sus capacidades para emprender, innovar y ejecutar.
Ecuador está en camino a construir un nuevo Código del Trabajo acorde con las necesidades actuales, muy diferentes de las que existían hace 88 años cuando se promulgó. El primer ejercicio de diálogo tripartito en esta dirección se cristalizó en el Consejo Nacional del Trabajo y Salarios. Fruto de ello, se han propuesto tres sencillos pero importantes AJUSTES a la contratación laboral, que ponen a prueba la capacidad de las partes para ceder posiciones.
La OIT insiste en la necesidad de fortalecer ese diálogo tripartito, como la única forma de llegar a acuerdos de beneficio para las partes. Naturalmente, ese diálogo debe ser franco, alejado de los intereses políticos y con miras a construir un futuro sostenible en beneficio de todos. Me atrevo a pensar que la participación del Gobierno de turno debe ser limitada por ser temporal, mientras que se debe incluir un CUARTO interlocutor, aquellos que no tienen empleo adecuado y por ende no están legítimamente representados por los sindicalistas, que representan a los trabajadores organizados.
Dialoguemos y consensuemos para enfrentar el desafío del TRABAJO DEL FUTURO Y EL FUTURO DEL TRABAJO.(O)