Cotopaxi necesita construir un ‘proyecto provincia’ mirando al menos veinticinco años adelante. En este cometido, debemos involucrarnos todos los actores sociales, buscando coincidencias y alejándonos de las discrepancias, aportando nuestra visión de entorno, para lograr un proyecto realizable, inclusivo, sostenible y sustentable. En este ánimo, es necesario explorar las potencialidades del sector turismo.

Nuestra hermosa provincia cuenta con una gran riqueza natural. La maravilla de sus páramos, glaciares, lagunas, bosques, montañas, ríos y quebradas, montes y cerros místicos, cascadas, peñascos, todos ellos rodeados de una exuberante naturaleza que cautiva a propios y extraños. En el mundo, existe un gran flujo de turistas que atraviesa los continentes en búsqueda de esos refugios naturales. La naturaleza pródiga nos pone al alcance de las manos estos tesoros, que deben ser visitados de manera controlada para preservarlos, aportando una oportunidad de desarrollo para las comunidades que los habitan.

Por otro lado, tenemos una riqueza cultural ancestral, colonial y contemporánea. Las manifestaciones espontáneas de nuestros pueblos, llenas de colorido, armonizadas con cadencias y ritmos propios que con un lenguaje visual y auditivo, representan la historia de Puruhaes, Tacungas, Incas y muchas otras culturas que habitaron esta llacta. Cada pueblo mantiene orgullosamente su identidad y se manifiesta con ritos únicos que deslumbran a los mortales, que observan silenciosamente las danzas, cantos, rezos, comparsas, bandas, fuegos, instrumentos y decenas de elementos que adornan sus ceremonias.

En gastronomía, existe un mundo por descubrir, con productos cultivados con amor por esforzados campesinos que viven en sintonía con la Paccha Mama y engendran frutos de sus entrañas, preservando de forma natural los sabores y aromas más auténticos, para deleite de los asombrados citadinos que lo quieran explorar. La forma de preparación, la manera de ofrecerlos, las bebidas naturales que los acompañan, todo conforma un banquete que nunca olvidarán sus visitantes. Las chichas con los secretos de cada familia, sellarán la jornada al son de las notas que emergen de las montañas.

Los hábitos de vida de los guardianes de nuestros páramos, valles y bajío, constituyen otro atractivo que enamora a los afuereños. Desde el rodeo y marcación del ganado que recorre en libertad su heredad, pasando por las prácticas culturales de la tierra, la forma de preparar el campo, sembrar, cultivar, hasta la forma de cosechar, procesar y transportar hasta los mercados abiertos en los pueblos y cercanos, ofrecen una experiencia muy particular. Es una invitación a descubrir los vestigios de las culturas milenarias que cuidan el planeta desde ‘arriba hacia abajo’.

Mientras que la heredad urbana guarda otro tipo de tesoros culturales. Las iglesias, parques, plazas, casas, zaguanes, cubiertas, campanarios, ventanales, puertas y mucho más, componen un Centro histórico hermoso, que invita a pasear sus calles y apreciar el arte que los hábiles artesanos pusieron en cada pieza que las componen. El trajinar de los ‘mashcas’ a su manera, preocupados de las cosas que solo ellos entienden, ofrece un ángulo distinto de la vida, que los ajenos observan y aprecian.

Todos los espacios descritos invitan a los afortunados turistas a emprender una aventura, cámara en mano, que se convertirá en una experiencia inolvidable. Sin duda, se grabarán en su corazón  pequeños grandes momentos que perdurarán por siempre en su memoria afectiva. Con toda seguridad, muchos de esos elementos pasan por desapercibidos a sus habitantes, que quizás no advertimos la belleza que encierran. Estamos a tiempo de abrir los ojos y diseñar una hoja de ruta que nos lleve a desarrollar la economía provincial sobre este pilar, entre otros. Los beneficios se extenderían por largo tiempo, a una gran parte de la población.

¡CONSTRUYAMOS EL PROYECTO! (O)