En el artículo publicado en “La Gaceta”, el 31 de diciembre de 2020, titulado “Preguntas para los candidatos” -a propósito de la primera vuelta electoral- esbocé algunas interrogantes que consideré indispensables y se tornan aún más necesarias, de cara a las elecciones del 11 de abril. Según se ha determinado, este domingo 21 de marzo se efectuará el debate entre los finalistas Arauz y Lasso (los apellidos están en orden alfabético).

Las preguntas versaron respecto de los siguientes tópicos: el rol del estado, empleo, inversión, dolarización, seguridad social, empresa privada, lucha contra la corrupción, minería, política internacional, gabinete, seguridad ciudadana, y, régimen impositivo. Sin perjuicio de que estos asuntos sean nuevamente abordados por los candidatos -dado que no fueron suficientemente debatidos-, es preciso llamar la atención en los temas fundamentales que siguen, a los efectos de que sean respondidos:

a.         Empleo. ¿Cuáles serán las medidas que adoptarán para generar empleo? ¿Se comprometen a propiciar la modernización del Código del Trabajo, para así incorporar a más trabajadores?

b.         Inversión. ¿Permitirán la inversión extranjera y la firma de convenios para su garantía y seguridad jurídica? ¿Cuál será el rol de la empresa privada? ¿Será el estado el motor principal de la economía?

c.          Seguridad ciudadana. ¿Qué medidas concretas serán consideradas e implementadas para combatir la delincuencia organizada en todas sus modalidades?

d.         Dolarización. ¿Se comprometen a sostener la dolarización para evitar la inflación y el desastre económico?

e.         Gabinete. ¿Cuáles serán los nombres, perfiles y antecedentes de los ministros que conformarán el gabinete?

Como nunca, el Ecuador está en una disyuntiva que determinará su futuro: esta elección se torna crucial y trascendental para evitar que se convierta en un estado fallido. De ahí que los candidatos tienen la obligación ineludible de referirse y responder a todos estos temas que dicen relación con el complejo escenario actual en lo político, económico y social. Su visión estratégica, capacidad de respuesta y entereza para afrontar los problemas son clave para un estadista. Elijamos por tanto al estadista, esto es, la “persona experta en asuntos de Estado o en política”, según lo define la Real Academia Española (RAE).

No podemos permitir que el país retorne a la época en que estuvo preterida la libertad de expresión, el respeto a la opinión ajena o disidente; donde el despilfarro de los fondos públicos -so pretexto de la obra pública con sobreprecios- estaba a la orden del día. En fin, el país no puede transitar nuevamente por senderos sinuosos, torcidos, peligrosos e irregulares que no tienen norte seguro. Según Voltaire, filósofo francés, “la política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria”.

Por ello, hay que repasar cuidadosamente la historia para no cometer los mismos errores del pasado y escoger al ciudadano adecuado, al probado, experimentado y honesto, para que dirija los destinos del país. El Ecuador ya no está para aventuras ni aventureros, pues ya ha sido suficientemente azotado y castigado por las noveleras ideologías políticas que ningún beneficio trajeron a los pueblos, sino más bien pobreza, injusto éxodo de la gente y destrucción de la institucionalidad y del estado de derecho.

La población así informada tendrá la suficiente capacidad para ejercer su voto con responsabilidad, dando su apoyo al candidato que haya demostrado -a lo largo de su vida- capacidad de trabajo, lucidez e inteligencia en la búsqueda de soluciones, y, sobre todo, liderazgo en los emprendimientos, posibilitando generar empleo digno para los ecuatorianos.(O)