Titulares del lunes 19 de octubre: “Ganó Evo Morales con su candidato en Bolivia”. “No habrá segunda vuelta”. Los candidatos de derecha que le seguían (Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho), por falta de acuerdos básicos previos, facilitaron a Luis Arce del Movimiento al Socialismo (MAS) alzarse con el triunfo.

¿Podrá repetirse este escenario en el Ecuador? Todo puede pasar. El doctor Andrés F. Córdova dijo: “en política se ve tostar granizo”; es decir, cualquier cosa puede suceder, por más increíble y absurda que parezca. Sin embargo, existen grandes e insalvables diferencias entre el señor Arce y Arauz. El primero, se desempeñó como ministro de economía y finanzas en el régimen de Evo Morales con reconocido éxito; el segundo, ejerció en el gobierno anterior algún puesto administrativo secundario, sin mayor importancia. 

El triunfador en Bolivia, es un técnico muy preparado que, alejado de las cuestiones de política interna, estuvo 14 años en el servicio público junto a Evo; al candidato auspiciado por el movimiento Centro Democrático, nadie reparaba que existiera, menos que fuese un exponente relevante o descollante dentro de éste.

A países de tendencia socialista y extremista, no les interesa la existencia de partidos fuertes, estructurados y democráticos; por el contrario, las reglas electorales redactada por ellos, permite la existencia de varios movimientos que dispersen al electorado, y, con el voto “duro” que tienen, aumentan las posibilidades de acceder al poder, o, al menos, llegar a la definición en una segunda vuelta. En nuestro país hay autoridades que llegaron a ganar con tan solo un 20% de aceptación.

¿El caso boliviano es ejemplo a seguir, o constituye una alerta temprana para que el país no vuelva a transitar por los caminos ineficaces del socialismo del SXXI? Solo el tiempo lo dirá. Los ecuatorianos sabrán advertir que el futuro del Ecuador está en sus manos. Su responsabilidad estará centrada en pensar en lo mejor para su familia, su comunidad; en suma, inclinarse por la orientación o tendencia que ofrezca soluciones viables, serias y realizables, versus otras que demagógicamente venden esperanzas vanas, contaminadas con discursos populistas y vacías de contenido.

Estas organizaciones de utopía – otrora fracasadas en el mundo-, camufladas ahora con el membrete de “progresismo”, no contribuyen a la solución de los problemas sino a profundizarlos, al no permitir llegar a puntos de coincidencias para enfrentarlos en democracia.

Cuando llegue el momento de depositar nuestro voto, aprovechemos también para condenar los tristes, nefastos y destructores acontecimientos de octubre de 2019, que fueron aprovechados por infiltrados y vándalos, eventos que a todas luces conspiran en contra de sus candidaturas. Los extremismos, con dosis de populismo, no suman electores, más bien crean un ambiente pernicioso y propicio para dividir y destruir el país, evitando su desarrollo en paz y concordia. 

El socialismo del siglo XXI ha generado en varios de nuestros países mucha división, pobreza, destrucción de instituciones, prepotencia y carencias. Que el ejemplo de Bolivia ayude a los ecuatorianos para transitar por el seguro camino de la racionalidad. Al menos Arce ha tenido el acierto de anticipar que será su gobierno, poniendo distancias con Evo. (O)